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China : La Fábrica del Mundo


Por Luis González


En el siglo XVII Holanda fue considerada "el almacén del mundo", porque era en su puerto donde anclaban los barcos que traían la producción mundial del momento. Hoy, a principios del siglo XXI, tenemos en China “la fábrica del mundo” porque casi todo lo que llega a nuestras manos, desde electrodomésticos y nuevas tecnologías hasta textiles dice “made in China”.

 
China, fábrica del mundo

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Los bajos costes han permitido a China incrementar su cuota de mercado en la mayor parte de los sectores manufactureros. A partir del 1 de enero de 2005 aumentó de manera significativa su influencia en el mercado de los Estados Unidos con acuerdo textil multifibras que beneficia a esta nación en detrimento de los países de América Latina, incluyendo la República Dominicana. El año pasado, su superávit comercial con el resto del mundo se triplicó, sus exportaciones se incrementaron en un 28,4% y aumentó su Producto Interno Bruto (PIB) en un 16,8%. Su principal socio comercial fue la Unión Europea, con un intercambio que se incrementó en un 22,6%; EEUU fue en segundo lugar y Japón en tercero.

Las nuevas estadísticas colocan a China como la sexta economía del mundo. Superó a Italia y se sitúa muy cerca de Francia y el Reino Unido. Si continúa su crecimiento económico de un 9%, superará a los dos países en el próximo año y se convertirá en la cuarta. "Éstos niveles de superávit sin precedentes reflejan que los cambios estructurales de China van encaminados a convertirla en la fábrica del mundo", señaló el economista Dong Tao en Hong Kong.

Reformas estructurales
¿ Cómo se han producido esas reformas estructurales y en qué consisten? La República Popular China es desde 1949, después de la revolución dirigida por Mao Tse-tung, un país comunista, con una economía, en sus comienzos, centralizada. Tuvo que implementarse una errada política económica a finales de la década de los 50, llamada el “gran salto adelante”, que provocó millones de muertos por hambre, para que despertara la conciencia de los líderes menos radicales y se comenzara a pensar en un cambio de rumbo.
Deng Xiaoping, sucesor de Mao, dijo en los primeros años de la década de los 60, que la agricultura privada era tolerable si suponía la ampliación de la producción y que "poco importa que un gato sea blanco o negro; lo que importa es que cace ratones". Ese fue el primer paso hacia lo que hoy es una economía de mercado, capitalista y abierta.

China crece no por tener un comportamiento como los llamados tigres asiáticos y Japón, sino porque su economía es parecida a la de los Estados Unidos, inclinada a la tecnología, la expansión, los negocios.
Economía de mercado pero en una sociedad comunista. Un país que en lo político no ha cambiado mucho, donde todavía las grandes decisiones, que afectan a 1,300 millones de habitantes y que no son cuestionadas ni tienen que ser discutidas con la oposición política que no existe, son tomadas por los 24 miembros del Politburó. Ese es uno de los secretos de China.
El periodista Andrés Oppenheimer, en su más reciente libro, titulado “Cuentos chinos”, señala que después de haber observado a este país y haber entrevistado al liderazgo político y empresarial de ese país, llega a la conclusión de que el desarrollo es directamente proporcional a la apertura y facilidades para la inversión productiva, divide los países entre los que atraen y los que espantan la inversión, siendo los primeros los exitosos.

Atraer inversiones
China es experta en atraer inversiones; ese es otro de sus secretos. ¿Cómo mantener sus niveles de producción para suplir la demanda mundial y afianzarse como la fábrica del mundo? Para eso cuenta con un recurso fundamental: gente. La mano de obra más barata y abundante de la tierra, con una disciplina de trabajo que no tiene parangón, debido a la miseria que ha padecido ese pueblo a lo largo de su historia.
La cultura es relativamente homogénea. También tiene tierra, mucho espacio para instalar grandes naves industriales, pero carece de otros recursos, sobre todo, energía y materias primas. El país busca en todo el mundo nuevos suministros de gas natural y petróleo, como carburantes para su creciente economía. Hace poco compró un paquete de acciones en los campos petroleros de Nigeria por US$2.000 millones y así lo ha estado haciendo en otras partes.

Por otro lado, China ha encontrado un buen aliado en América Latina, como proveedor de materias primas, para seguir alimentando su vertiginoso crecimiento. Es una relación en donde los latinoamericanos también están ganando. El comercio de América Latina con China pasó de menos de US$10.000 millones en 1993 a más de US$50.000 millones en 2004. El crecimiento argentino superó el 8% en 2004 y muchos analistas coincidieron en señalar que uno de los principales factores en la recuperación a la crisis que afectó al país suramericano hace cuatro años es la demanda china de soya. Argentina suministra ahora el 30% de la soya que China necesita (las pampas argentinas son conocidas como la despensa de China).

Recientemente China superó a Estados Unidos como principal comprador de cobre chileno. Cuba confía a la inversión china sus depósitos de níquel y Venezuela ya firmó acuerdos de cooperación con el gigante asiático para desarrollar sus reservas de petróleo y gas. El electo presidente de Bolivia, Evo Morales, en visita a Pekín, calificó a China de aliado y le solicitó colaboración para desarrollar el sector energético de su país, mientras que los chinos expresaron interés en convertir el gas natural boliviano en diesel para que no ocasione daños al medioambiente.
Brasil tiene enormes cantidades de los productos que China pretende: hierro, soya, bauxita, madera, zinc y manganeso, por lo que el intercambio entre los dos países se ha cuadriplicado en los últimos años.
China se expande, negocia con el mundo, prepara el escenario para que llegue el día en que nada que se produzca fuera de su territorio sea competitivo. Se diversifica, no se queda en textiles y electrodomésticos baratos, es líder en la fabricación de las nuevas tecnologías: es actualmente el mayor productor mundial de celulares, computadores y cámaras -cuenta con el mayor mercado de telefonía móvil del mundo, con más de 380 millones de celulares-.

Jeremy Rifkin, en su libro “El fin del trabajo”, señaló que a medida que avanza la tecnología y se afianza el conocimiento como el factor fundamental de producción en esta era del conocimiento, será menos el porcentaje de personas que participarán directamente en el proceso productivo. Si además de eso tenemos a China dispuesta a asumir todo el trabajo para su gente, en convertirse en la fábrica del mundo: ¿qué nos quedará a los demás países del mundo? ¿Afianzarnos como sociedades de servicios y suministradores de materias primas?
Finalmente nos queda preguntarnos, ¿qué debemos hacer los países del mundo y los ciudadanos del mundo para negociar con los chinos y salir favorecidos? Y los más importante, ¿qué podemos producir países como la República Dominicana que no produzca China más barato con la misma o mejor calidad? Debemos prepararnos para negociar con China. Quizás no esté muy lejos el día en que para negociar en esta aldea global, no baste con saber inglés, habrá que saber hablar el mandarín.

*El autor es licenciado en Ciencias Políticas y encargado de la Agenda Legislativa y Judicial de la Dirección de Información, Análisis y Programación Estratégica de la Presidencia (DIAPE) / politicadigital@hotmail.com


(FUNGLODE no se hace responsable de las opiniones vertidas por el autor en este artículo).

 

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