DISCURSO DEL DR. LEONEL FERNÁNDEZ, EXPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA, PRESIDENTE DEL CLUB DE EJECUTIVOS ESTADOS UNIDOS-CARIBE, EL 6 DE NOVIEMBRE, 2001, EN WASHINGTON, DC.

Señor Eric Peterson,
Vicepresidente y director de Estudios, CSIS;

Sra. Amy Coughenour Bethencourt, subdirectora del Programa de las Américas y coordinadora del Club de Ejecutivos Estados Unidos-El Caribe;

Honorables representantes diplomáticos,

Distinguidos miembros del Club;

Invitados especiales y amigos:

Es un gran honor y placer dirigirme a ustedes esta noche. Es la segunda vez que nos reunimos y estoy contento al ver que cada vez somos más fuertes.

Antes que nada me gustaría agradecer a nuestros amigos del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales por trabajar arduamente y con tanto éxito para reunir a líderes empresariales progresistas mirando al futuro de Estados Unidos y del Caribe, profundamente dedicados al fortalecimiento de los lazos comerciales y de cooperación entre los dos vecinos, así como a promover el entendimiento y el intercambio de experiencias en ambos lados.

Mis felicitaciones a todo el equipo y gracias especiales a la señora Amy Coughenour quien ha dado tanto de sí para que todo se produjera.

A todos nos entristece, sin embargo, que el Sr. Georges Fauriol, ex Director del Programa de las Américas, no será ya parte de esta iniciativa porque recientemente fue designado vicepresidente de Planificación Estratégica en el Instituto Republicano Internacional. Es una gran pérdida no tenerlo ya con nosotros. Esperemos que no nos olvide completamente y confiemos en que nuestros caminos se entrecruzarán. Le deseamos muchos éxitos en su nueva posición y seguiremos muy de cerca sus futuros logros.

Me gustaría dar la bienvenida a todos los nuevos miembros. Gracias a todos por unírsenos y por apoyar este valioso programa. Estaremos a la espera de sus sugerencias, ideas y preocupaciones al tiempo que trabajamos hacia la consecución de una alianza realmente productiva y creativa que abundará en beneficios para nuestros países.

Y antes de que hable sobre el tema de nuestra segunda reunión anual, permítanme, a nombre de todos los representantes de la comunidad caribeña, expresar nuestras más profundas condolencias a nuestros amigos y a todo el pueblo de los Estados Unidos por las pérdidas sufridas durante los horrendos ataques terroristas recientes. Su angustias y sus penas son también nuestras. Su repudio de la violencia y su determinación para luchar contra el mal está profundamente grabado en nuestros corazones y nuestras mentes. Con nuestras manos abiertas y nuestros modestos recursos, le ofrecemos nuestra solidaridad y respaldo.

Los eventos del 11 de septiembre han cambiado nuestras vidas. Ellos han cambiado nuestro presente y transformado la forma de cómo pensamos acerca de nuestro futuro. Muchas de nuestras viejas preocupaciones han adquirido otra forma y nuevos tópicos han surgido en el horizonte.

¿Cómo han afectado ellos los destinos de nuestros países y la relación de Estados Unidos y el Caribe?

Recordemos que con el primer viaje del Presidente Bush al exterior que tuvo lugar en México y su vigora posición a favor del acuerdo de libre comercio para el Hemisferio en la Cumbre de Quebec, nuestras esperanzas y expectativas de que esta administración dará un énfasis especial a la América Latina y el Caribe, eran altas. El general Collin Powell, de origen jamaiquino y con fuerte interés en el Caribe, así como los lazos del presidente Bush con México, contribuyeron a nuestra visión bastante optimista.

Los hechos del 11 de septiembre nos colocan en una perspectiva diferente. La construcción de una coalición antiterrorista internacional, el tema de la seguridad doméstica, así como las actuales intervenciones militares, demandan fuertemente una reestructuración y reubicación de los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos, estrategias internacionales y de los fondos públicos. El interés ha cambiado abruptamente hacia la salvaguarda de la seguridad nacional, paz y confianza; hacia una agresiva campaña militar contra los terroristas y sus protectores, y hacia el rescate de los sectores económicos más afectados.

A corto plazo, esta deja a Latinoamérica y el Caribe fuera de la agenda de prioridades de los Estados Unidos.

Con los eventos del 11 de septiembre, nuestros destinos están mucho más unidos. La agenda de nuestro hemisferio gana nueva vitalidad. Sólo países con economías estables, fuertes instituciones democráticas y Estado de derecho consolidados pueden de manera efectiva desarrollar estrategias de defensa y mantener programas contra el terrorismo. Nuestros antiguos intereses se vuelven más apremiantes: herramientas de la tecnología de la información en manos de una fuerza laboral educada son una condición para la construcción de redes.

Nuestros servicios de inmigración e inteligencia deben compartir información. Nuestros países tienen que cooperar en la aplicación de la ley y en los esfuerzos de investigación económica. Tenemos que vigilar y suprimir el lavado de dinero y contrabando de extranjeros.

La forma de lograr esto es construyendo redes más fuertes, eficientes y mejor protegidas. Este es un momento para todos nosotros invertir nuestros esfuerzos en el mejoramiento de redes, para crear un cambio estructural, producir un salto histórico. De lo contrario, nuevas medidas podrían trabajar hacia el detrimento de nuestro intercambio económico y, por consiguiente, contra la prosperidad de nuestra gente.

Nuestro desafío es diseñar y operar conjuntamente un sistema que facilite el comercio y provea seguridad.

Antes de los ataques terroristas, la economía de los Estados Unidos ya estaba experimentando un gran declive cíclico. El declive en el crecimiento económico estaba afectando significativamente las economías orientadas a la exportación que dependen de los mercados norteamericanos, incluyendo a economías altamente sofisticadas, tales como Singapur y Taiwán, para no mencionar la América Latina y el Caribe. Los ataques terroristas han acelerado y aumentado el tamaño del declive, aunque todavía es imposible de predecir cómo evolucione la situación económica en el próximo año o en dos.

Si fuéramos a seguir la lógica cíclica, debería haber un resurgimiento en el futuro cercano. Si consideramos una posibilidad de un conflicto militar prolongado, las consecuencias serían predominantemente negativas, con excepciones positivas y sorpresas imprevisibles. Si estamos pensando en términos estructurales, las economías que han estado mejorando su competitividad y fortaleciendo su integración a redes globales, deberían de encarar exitosamente los desafíos de estos tiempos difíciles. Y aquellos que sufren de grandes deficiencias estructurales, a fin de sobrevivir en el nuevo escenario, tendrán que trabajar hacia una mejor competitividad y una mayor integración global.

Hasta el presente, sin embargo, ha quedado claro que exactamente las economías de los países en desarrollo con los más fuertes lazos con los mercados globales, han sido los más afectados y seguirán siendo los más vulnerables en el nuevo contexto internacional.

La mayoría de las naciones de América Latina y del Caribe están íntimamente ligadas al ciclo de negocios de los Estados Unidos, continúan siendo exportadoras de materias primas y dependen fuertemente del turismo. Todo eso las hace extremadamente vulnerables en el presente sistema internacional, donde hay signos claros del declive económico de Estados Unidos, en el que los precios de la materia prima han estado cayendo por años, y donde hay una alta disminución en el número de turistas e ingresos por ese concepto a escala mundial.

Todavía, ahora, más que nunca, mientras navegamos por un escenario internacional difícil e incierto, es importante perseguir políticas sanas orientadas a la competitividad y fortalecer redes económicas mundiales.

La globalización es un hecho- es nuestro presente y nuestro futuro. No hay vuelta hacia atrás. Tenemos que mantenernos trabajando con esto, encarando sus ventajas y oportunidades e, igualmente, sus numerosas amenazas y motivos de preocupaciones. 

Ahora, más que nunca, debemos trabajar hacia redes más seguras y eficientes. Debemos acelerar la apertura de mercados y el intercambio de información. Y tenemos que asegurarnos que todo esté pasando de manera mutuamente beneficiosa.

Ahora, más que nunca, todas las economías deben trabajar para fortalecer las redes económicas: transporte, comunicación, finanzas y comercio. Esta es la agenda de los Estados Unidos, esta es la agenda del Caribe, y esta es nuestra agenda común. Es la que debemos promover, reforzar y desarrollar tomando cuidadosamente en cuenta las inquietudes y los beneficios de ambos lados.

En ese contexto, más que nunca, nuestros líderes de negocios deben estar familiarizados con las modernas herramientas y estrategias, a fin de lograr nuevas perspectivas y crear enfoques innovadores y competitivos de los procesos de integración regional y global, así como de las recientemente creadas inseguridades del mercado. Mediante la actualización y profundización de su conocimiento gerencial y fortaleciendo sus capacidades corporativas de respuesta, desempeñarán el papel crítico en asegurar el progreso y la prosperidad de sus países.

Todos estamos esperando impacientemente las sesiones de trabajo de mañana que nos instruirán sobre estrategias para la exitosa integración regional y global. Me gustaría agradecer a nuestros amigos del CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales) por proporcionarnos expertos del calibre de los doctores Jonathan Doh y Hildy Teegen y permítanme agradecerles por acompañarnos esta noche.

Muchas gracias.

Washington, D.C., Nov….., 2001.