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DISCURSO DEL DR. LEONEL FERNÁNDEZ,
EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN GLOBAL
DEMOCRACIA Y DESARROLLO, PRONUNCIADO EN EL ACTO INAUGURAL DEL ´´CLUB
DE LOS EJECUTIVOS ESTADOS UNIDOS-CARIBE´´, DEL CENTRO DE ESTUDIOS
ESTRATÉGICOS E INTERNACIONALES, EN WASHINGTON, D.C., 1 DE FEBRERO
DE 2001.
PRIORIDADES
EN LAS POLÍTICAS REGIONALES DEL CARIBE
Y
EL ROL DE WASHINGTON
Gracias Philip
por su cálida presentación. Distinguidos Congresistas, Embajadores,
representantes de la comunidad empresarial, queridos amigos del
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales,
Damas y caballeros:
Permítanme esta oportunidad
para expresar cuán entusiasmado y honrado me siento aquí esta noche
en el lanzamiento de este nuevo proyecto visionario – ´´El Club
de Ejecutivos: Estados Unidos - Caribe´´ - donde reafirmamos, una
vez más, nuestro inquebrantable interés de mejorar el bienestar
de los pueblos del Caribe y reforzar el entendimiento y cooperación
entre el líder económico, militar y político más importante del
mundo, los Estados Unidos, y las pequeñas y orgullosas naciones
de la cuenca del Caribe.
Quiero empezar esta
noche formulando unas cuantas preguntas.
Ahora que estamos
al principio de un nuevo milenio, con la Guerra Fría detrás de nosotros,
con una revolución digital floreciente y con un proceso de globalización
económica y cultural cambiando nuestra forma de pensar, trabajar
y vivir, ¿cuáles son las esperanzas y aspiraciones de los pueblos
del Caribe? ¿Cuáles son sus temores e intereses? ¿Qué esperan de
la nueva administración de Bush? ¿Qué podría hacer esta administración
para ayudarlos a realizar sus sueños? Y, finalmente, pero no de
menor importancia, ¿cómo pueden las naciones caribeñas contribuir
a la seguridad y al dinamismo económico de su vecino del Norte?.
Con el fin de la guerra
fría se ha producido un gran avance en la tradicional relación entre
los Estados Unidos, América Latina y las naciones del Caribe. Ya
la ideología no guiará los principios y la esencia de cómo nos relacionamos
los unos con los otros. Ya no habrá intervenciones militares en
la región motivados por temores de que una superpotencia se apodere
del área.
El fin de la Guerra
Fría ha rediseñado la agenda entre los Estados Unidos y el Caribe,
con mayor énfasis en temas tales como democracia, derechos humanos,
protección ambiental, migración y deportación, comercio, tráfico
ilegal de armas y drogas, y lavado de dinero.
Pero el fin de la
Guerra Fría también ha producido una negligencia benigna de parte
de los Estados Unidos hacia la región del Caribe. Las preocupaciones
en cuanto a la seguridad se han mudado a otras áreas del mundo,
tales como el Medio Oriente, los Balcanes, Iraq, Corea del Norte,
China y Rusia.
Los principales productos
agrícolas y materias primas del Caribe, como azúcar, café, banana,
tabaco, ron y bauxita, han bajado de precio en los mercados y están
disponibles, a veces a precios aún más bajos, desde otras partes
del mundo. Esto ha dejado a los países caribeños sin lo que ha sido
por siglos su principal fuente de ingreso externo.
La globalización ha
traído la liberalización del comercio lo que ha significado sobre
todo, para las naciones caribeñas, la pérdida gradual y la
eventual desaparición, a largo plazo, de sus condiciones de preferencia
comercial tradicional en los mercados de Norteamérica y Europa.
En el contexto de
las tendencias actuales, consideremos los nuevos desafíos de la
relación económica y el intercambio comercial entre el Caribe y
los Estados Unidos.
Es un hecho que los
Estados Unidos no sólo mantienen un superávit comercial con el Caribe,
sino que el 70% de cada dólar exportado desde el Caribe es
gastado en los Estados Unidos, lo que convierte a la región en el
décimo más grande socio comercial de ese país. Además se estima
que este comercio produce más de 300,000 puestos de trabajo en Norteamérica
y genera 16,000 más anualmente.
Como podemos ver,
los lazos económicos entre estos dos socios son más vigorosos y
dinámicos que, a primera vista, normalmente nos damos cuenta.
Esto nos conduce a
la idea de que, consideradas individualmente, aisladas, las naciones
del Caribe son de poca importancia para la economía de los Estados
Unidos, pero como región representan un mercado, hasta de mayor
significado que un país como Francia, y atraen el interés de diferentes
tipos de corporaciones y empresarios norteamericanos.
La aprobación del
Acta de Comercio y Desarrollo de 2000 por el Congreso de los Estados
Unidos fue recibida con satisfacción por los 25 países del Caribe
y América Central que se benefician de la misma. Esta ley
ha contribuido a nivelar las condiciones de competencia con México,
tras la firma del acuerdo de NAFTA, alentando nuevas inversiones
y proporcionando igual acceso al mercado norteamericano. La aprobación
de esta legislación dio un espacio de respiro a la industria textil
caribeña, pero tenemos que estar totalmente conscientes que ésta
es solamente una solución de transición por un período de tiempo
limitado.
El gran desafío se
nos presentará cuando la liberalización comercial nos imponga la
obligación de abrir nuestros mercados a las mercancías importadas
sobre una base recíproca y a base del acceso unilateral a los mercados
norteamericano y europeo, como ocurre actualmente. ¿Podrán las pequeñas
naciones caribeñas sobrevivir y progresar en esta nueva economía
globalizada? ¿Están listos los países del Caribe para entrar en
esta nueva etapa y qué tenemos que hacer para asegurarnos de
que así sea?
Debemos reconocer
que pese a algunos rasgos comunes, las islas caribeñas tienen economías
diversas, y que esta diversidad tiene implicaciones para el diseño
y la aplicación de una estrategia regional de integración.
La estrategia de integración
regional del Caribe ha pasado por cambios significativos. Fue concebida
primero como una empresa conjunta para proteger a las frágiles y
pequeñas economías del área. A través del CARICOM (Comunidad del
Caribe), las pequeñas naciones isleñas tenían la esperanza de lograr
suficiente fuerza a fin de negociar con naciones grandes y poderosas.
La estrategia probó ser útil y esto alivió las economías del Caribe
por cierto período de tiempo.
Con el advenimiento
de la globalización, el alcance de la integración del Caribe se
ha expandido. Las naciones más grandes del área se han unido a los
países del CARICOM en una nueva entidad, La Asociación de Estados
del Caribe (AEC), que tiene una representación política superior
y una mayor capacidad de negociación.
Lo que la estrategia
de integración económica tiene que tener en cuenta son las disparidades
significativas que separan una economía de la otra en la región,
y la región en relación a las otras economías del Hemisferio Occidental,
a fin de introducir medidas compensatorias apropiadas.
En este sentido es
importante aprender de la experiencia de integración de la Unión
Europea, la que no limita el concepto de integración a un mero acuerdo
comercial. Reconociendo las disparidades entre naciones y regiones
en Europa, se estableció un fondo especial de cohesión social para
financiar las necesidades de las naciones menos desarrolladas, nivelando
el terreno entre los jugadores y asegurando las condiciones
sociales que podrían apoyar un proceso de integración exitoso y
sin complicaciones.
La transformación
económica y social de España, Portugal e Irlanda son buenos ejemplos
de lo que una estrategia de integración que toma en cuenta las diferentes
etapas de desarrollo económico entre naciones puede lograr en relativamente
poco tiempo, cuando está bien pensada y ampliamente elaborada.
Sería de gran beneficio
para las naciones del Caribe si sus políticos y líderes empresariales
dan un paso audaz y presentan un nuevo punto de agenda en
la próxima Cumbre de las Américas, a celebrarse el mes de abril
en Quebec, requiriendo un debate sobre la necesidad de fondos de
cohesión social, los cuales permitirían la desaparición de las disparidades
económicas e iniquidades sociales entre los Estados miembros
que aspiran a la integración atmosférica, que es la meta del Tratado
de Libre Comercio de las Américas.
Dentro de la nueva
economía global, las islas del Caribe tendrán que reposicionarse,
armadas de una nueva visión y una nueva estrategia competitiva.
El desafío es avanzar haciendo mejor uso de nuestras ventajas
comparativas tradicionales y mediante la identificación y promoción
de nuevas ventajas competitivas.
Es
necesario descubrir y explotar nuevos nichos de mercados. La producción
de bienes no tradicionales de exportación tiene que ser introducida
en las economías nacionales. Los empresarios deben presentar proyectos
innovadores. La fuerza laboral necesita ser entrenada de acuerdo
a nuevas demandas.
El salto de una producción agrícola de exportación a una economía
de servicios, basada fundamentalmente en turismo, zonas francas,
telecomunicaciones, banca, seguros y comercio, ha desempeñado un
papel significativo en las últimas dos décadas, ayudando a mejorar
la calidad de vida en diferentes naciones de la región.
Ahora tenemos que dar un paso más hacia delante. La revolución que
se ha producido en el área de tecnologías de información y
en las comunicaciones les ofrece a las naciones del Caribe la oportunidad
de saltar etapas del desarrollo económico y entrar de inmediato
en un nuevo modelo económico, basado en una economía del conocimiento.
La integración de las tecnologías de información en una estrategia
de desarrollo nacional puede significar la posibilidad de que se
cumpla el eterno sueño de poner fin a las tareas históricas de la
revolución industrial no terminadas, para que podamos formar parte
de la nueva era digital.
Para hacer realidad este sueño, las naciones del Caribe deben concentrarse
en el desarrollo de las infraestructuras de las telecomunicaciones,
en el establecimiento de un marco regulatorio, aprobando leyes de
derechos de propiedad intelectual y prestando atención especial
a la educación de la futura fuerza laboral.
Además de los desafíos presentados a las naciones del Caribe en
su camino de formar parte de la nueva economía, hay mucho trabajo
por hacer en el área de la seguridad de la región que afecta, por
igual, a los países caribeños y a los Estados Unidos.
Es bien sabido que una gran parte de la droga que se consume en
los Estados Unidos entra al país siguiendo la ruta del Caribe; y
que muchas operaciones bancarias son el resultado de transacciones
de lavado de dinero.
La masiva migración ilegal a los Estados Unidos es un subproducto
del deterioro de las condiciones económicas y sociales así como
de la inestabilidad política de algunas naciones caribeñas que ya
no están en capacidad de ofrecer esperanzas a sus ciudadanos, quienes,
al abandonar sus países de origen, crean tensiones sociales en los
Estados Unidos.
La inestabilidad política descompone las dinámicas del mercado,
lo que afecta el flujo natural de la economía.
En este sentido, debo decir que Haití y Cuba han sido en el pasado
y continuarán siendo en la nueva administración de Bush, fuentes
de preocupación para los que diseñan la política en los Estados
Unidos.
No hay duda, hoy día, que la democracia es la única forma aceptable
de gobernar, pero el tema de la democratización de Cuba y Haití
hay que abordarlo con mucho cuidado.
Creo que el aislamiento y el embargo comercial sobre Cuba durante
las pasadas cuatro décadas no han tenido éxito en tratar de arrodillar
al régimen de Castro. Es tiempo, por consiguiente, de buscar otros
caminos.
Levantar el embargo no sólo permitiría al pueblo de Cuba acceso
a los mercados mundiales, sino también lo expondría a nuevas ideas
y valores democráticos.
Mientras tanto, el resto de las naciones del Caribe están sumidas
en el proceso de mejorar la calidad de sus democracias a través
de las elecciones libres y justas, el respeto de los derechos humanos,
el fortalecimiento de las instituciones gubernamentales y las reformas
económicas y sociales.
Por supuesto, quedan problemas por resolver. El aumento en la tasa
de criminalidad debe ser enfrentado con energía, las agencias que
aplican la ley deben experimentar programas de reformas profundas,
el sistema judicial debe actuar de manera más rápida y justa, es
preciso modernizar las instituciones gubernamentales y hacerlas
más efectivas al momento de ofrecer servicios públicos, los funcionarios
gubernamentales deben responsabilizarse por sus promesas y acciones,
los medios de comunicación deben informar sin prejuicios y de manera
confiable, las organizaciones cívicas deben permanecer despolitizadas
a fin de representar verdaderamente los intereses de las comunidades.
Si trabajamos activamente en estos temas importantes, construiremos
las bases de unas sociedades donde los ciudadanos actúen de manera
responsable y los líderes políticos se merecen su confianza y respeto.
Todos estos son temas nuevos que pueden mejorar la calidad de la
democracia y fortalecer la cultura cívica. La nueva administración
Bush tiene la oportunidad histórica de aportar un valor agregado
de interés mutuo e importancia a los Estados Unidos y a las islas
del Caribe, a la agenda bilateral tradicional. Esperamos que verdaderamente
pueda realizar ese gran rol, porque eso permitiría a los Estados
Unidos y las naciones del Caribe, en los inicios del siglo XXI,
ser excelentes, confiados y respetados socios en el
logro de nuestros sueños comunes y a la vez, convertiría a nuestros
países en un mundo mejor.
Muchas gracias.
Washington, D.C. Feb.1, 2001 |