Estudio fue puesto a circular en FUNGLODE
América Latina y el
Caribe cumplirán algunas metas del milenio pero
están rezagadas en la lucha contra la pobreza
(Santo Domingo, jueves 1 de diciembre de 2005.-)
En los últimos cinco años, América
Latina y el Caribe ha seguido avanzando en el combate
al hambre, en mejorar la equidad de género en
la educación, en incrementar el acceso a agua
potable y en reducir la mortalidad infantil, pero la
región continúa rezagada en el cumplimiento
de algunas de las metas del Milenio, como reducir la
pobreza extrema a la mitad, universalizar la educación
primaria y revertir el deterioro del medio ambiente.
La pobreza extrema sigue siendo muy elevada: 222 millones
de latinoamericanos y caribeños son pobres,
de los que 96 millones viven en la indigencia, el 18,6%
de la población. Sólo Chile ha reducido
a la mitad la pobreza extrema y las mediciones indican
que de continuar el avance de los últimos años,
la meta probablemente se logre en Brasil, Costa Rica,
México, Panamá y Uruguay. Pero en los
restantes países el avance fue escaso o hubo
retrocesos.
Así lo indica el documento Objetivos de desarrollo
del Milenio: una mirada desde América Latina
y el Caribe, coordinado por la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (CEPAL), y elaborado
por los diferentes organismos de las Naciones Unidas
con presencia en la región: CEPAL, FAO, UN-HABITAT,
OIT, OPS/OMS, PMA, PNUD, PNUMA, UNFPA, UNESCO, UNICEF,
y UNIFEM.
El libro fue puesto a circular este jueves 1 de diciembre
en la Fundación Global Democracia y Desarrollo
(FUNGLODE) por el secretario ejecutivo de la CEPAL,
señor José Luis Machinea, ante la presencia
de economistas y empresarios del país.
Junto a Machinea ocuparon la mesa principal el secretario
Técnico de la Presidencia y miembro del consejo
de asesores de FUNGLODE, Temístocles Montás,
y el representante de las Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo en República Dominicana,
Nicki Fabiancic.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron adoptados
en 2000 por los gobiernos de 189 países como
un compromiso para combatir la desigualdad y mejorar
el desarrollo humano en el mundo. Se trata de una carta
de navegación –con un horizonte en 2015--
para erradicar la pobreza extrema y el hambre, universalizar
la educación primaria, promover la igualdad
entre los sexos, mejorar la salud, revertir el deterioro
ambiental y fomentar una asociación mundial
para el desarrollo.
La región está en vías de cumplir
la meta sobre reducción del hambre ya que en
15 de 24 países disminuyó la subnutrición.
También se espera que la desnutrición
infantil (niños con peso inferior al normal)
se reduzca a la mitad para 2015. Pero es preocupante
que los países más pobres, donde la población
tiene más problemas para acceder a los alimentos,
sean precisamente los que avanzan poco.
El eje articulador del informe es la desigualdad,
ya que América Latina y el Caribe es la región
menos equitativa del mundo. Coartada por un bajo crecimiento
durante períodos largos, ha sido incapaz de
mejorar la distribución del ingreso y el acceso
a activos productivos, lo que se agrava por la falta
de empleos que permitan a los trabajadores salir de
la pobreza y a sus hijos acceder a servicios adecuados
de salud, educación e incluso alimentación.
En educación primaria se ha seguido avanzando
y las tasas de matrícula son superiores al 93%.
El adelanto fue mayor en países de desarrollo
intermedio como Brasil y México, que tienen
tasas del 95%. Pero de mantenerse la tendencia a la
deserción escolar temprana, un 6% de los niños
no habrá completado su educación primaria
en 2015, lo que impedirá la universalización
de la enseñanza básica.
La región no presenta- como otras en desarrollo-
desigualdad de género en educación. Con
la excepción de Bolivia, Guatemala y Perú,
los países alcanzaron esta meta e incluso más
mujeres que varones terminan la primaria y estudian
en secundaria y universitaria. Pero los ingresos laborales
de las mujeres son hasta entre el 30 y el 40% más
bajos que los de los hombres, persisten dificultades
como la violencia familiar y aún no hay suficiente
representación femenina en los parlamentos.
La mortalidad entre menores de cinco años se
redujo desde 56 a 33 y la mortalidad infantil (menores
de un año) bajó de 43 a 25 muertes por
cada mil niños nacidos vivos entre 1990 y 2003,
por lo que la región está en trayectoria
de cumplimiento de ambas metas.
En América Latina y el Caribe 2,4 millones
de personas padecían el VIH/SIDA el año
pasado y ese número aumentó en 200.000
entre en 2000 y 2004. Brasil, por su cuantiosa población,
registra el 28% de estos casos pero es también
el único país que ha puesto un claro
freno a la epidemia.
Los indicadores muestran un deterioro ambiental importante
en la región y pocas probabilidades de cumplir
con las metas. Resulta particularmente alarmante la
pérdida de los bosques y de la biodiversidad,
la contaminación del aire y el crecimiento de
los tugurios en las ciudades.
Sin embargo, sí será posible alcanzar
la meta del Milenio en cobertura de agua potable urbana
en la mayoría de los países, aunque la
situación es menos promisoria en saneamiento.
La meta de saneamiento urbano ha sido alcanzada en
los países del Caribe pero están rezagados
Bolivia, Brasil, El Salvador, Guatemala, Haití y
Perú con coberturas inferiores al 60%.
Otro objetivo en el cual no se han logrado avances
se refiere a la ayuda que los países industrializados
comprometieron de transferir a los países en
desarrollo: el 0,7% de su PIB, pero actualmente llega
apenas a solo 0,25%. Por otro lado, una compleja trama
de barreras impide las exportaciones de la región
a los países más desarrollados.
La ONU sostiene que para reducir a la mitad la pobreza
extrema y el hambre para el 2015 en la región
se requiere un crecimiento económico sostenido
anual a tasas diferentes para cada país pero
que en promedio debiera ser del 2,9% por habitante
en la próxima década. Sin embargo, los
países más pobres y que han progresado
menos en los últimos 14 años requieren
una tasa promedio anual de 4,4% por habitante.
El informe postula que un crecimiento económico
que no cambie la distribución del ingreso no
influirá lo suficiente en la mejora de los niveles
de vida de quienes viven en la pobreza. Un cambio distributivo
que eleve más rápidamente los ingresos
de los estratos más pobres permitiría
alcanzar la meta en plazos más breves. Esta
estrategia de crecimiento con equidad requiere, además,
de cambios institucionales que sitúen a las
políticas sociales en el centro de la estrategia
de desarrollo.
Junto con reducir la pobreza y el hambre como urgencias
de corto plazo, se requiere invertir en infraestructura
y capital humano mediante programas sociales: transferencias
monetarias condicionadas para asegurar la asistencia
escolar en el nivel primario y secundario y la atención
de la salud, así como programas de alimentación
escolar, de nutrición y de atención médica
preventiva, especialmente a embarazadas y a recién
nacidos.
Para alcanzar las metas del Milenio los países
de América Latina y el Caribe deben hacer un
gran esfuerzo interno, que incluye un pacto fiscal
que asegure eficiencia en el uso de los recursos del
Estado, transparencia, rendición de cuentas,
reglas claras y mayor disponibilidad de recursos para
que el fisco pueda cumplir con las prioridades del
desarrollo. Aún así, hará falta
elevar la ayuda oficial para el desarrollo en los países
más pobres, como Bolivia, Guatemala, Guyana,
Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Suriname.
La ONU tiene prevista realizar una reunión mundial
en su sede de Nueva York en septiembre próximo
para presentar un informe global sobre el avance de
las metas del Milenio. Este informe interagencial,
coordinado por la CEPAL es una contribución
para estos debates.
Podrá encontrar mayor información y
varios resúmenes informativos sobre cada una
de las metas (ODM),
en el siguiente enlace:
http://www.eclac.cl/cgi-bin/getprod.asp?xml=/noticias/paginas/4/21544/P21544.xml&xsl=/tpl/p18f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl
Para más información, comunicarse con la Unidad de Servicios
de Información de la CEPAL,
correo electrónico dpisantiago@cepal.org en los teléfonos (56-2)
210-2380/2149.
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