El Viejo San Juan:
De la decadencia a la total rehabilitación

Edwin R. Quiles

El Viejo San Juan o el San Juan Colonial, Patrimonio de la Humanidad, vivió una época de total abandono en las décadas del 1940 al 1960.

La ciudad moderna había desplazado mucha de la actividad comercial y residencial de los sectores medios y altos hacia otros barrios de la ciudad.

Los sectores medios y propietarios la habían abandonado.

Muchos de los edificios se convirtieron en conventillas y casas de vecindad, abandonados a su suerte, alquilados a migrantes de la ruralía y a trabajadores de bajos ingresos.

Entonces, ante esta decadencia urbana, la ciudad-puerto se llenó de bares y prostitutas, por lo que se tenía una imagen pobre del lugar por parte de los residentes y la ciudadanía en general.

En éstos términos se expresó el arquitecto Edwin R. Quiles, en la conferencia ´´¡La ciudad antigua, presente!, que dictó en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), la noche del 13 de abril.

El ´´promontorio de brisas frescas´´ como la bautizó Fray Iñigo Abad, uno de los primeros historiadores del San Juan Colonial, perdió su lustre.

Quiles dijo que ante esta condición de decadencia acelerada surgieron propuestas de modernización para sustituir los edificios históricos con estructuras modernas.

Recuerda el arquitecto Quiles que todo esto hubiera desembocado en la destrucción del patrimonio a no ser por las iniciativas del Dr. Ricardo Alegría, fundador del Instituto de Cultura Puertorriqueña y creador del programa de rescate de la zona histórica de San Juan.

¿Qué pasó? ¿Cómo se contrarrestó esta tendencia abocada a la ruina o a la transformación equívoca?, se preguntó.

En la transformación del Viejo San Juan – tema de una conocida canción-, se tomaron diversas medidas, como la intervención del Estado para estimular, de manera controlada, su conservación y desarrollo.

Iniciativas

Las iniciativas gubernamentales han sido múltiples, como por ejemplo, incentivos fiscales para promover la realización del área.

•  Asesoría y desarrollo de reglamentacion a través del Instituto de Cultura Puertorriqueña,

•  Inversión directa en la restauración y la construcción de infraestructura. Por ejemplo la inversión por parte de Agencias Estatales en la restauración de edificios para alojar sus operaciones a la vez que contribuyen al mejoramiento de la ciudad, en lugar de construir un edificio nuevo. Allí están el Departamento de Estado, Oficina de la Gobernación, Oficinas Municipales de San Juan, Instituto de la Cultura Puertorriqueña, museos, espacios culturales,

•  Inversión por parte del Departamento de Vivienda para promover vivienda para los sectores populares y contrarrestar el proceso de ´´gentrificación´´ causado por la especulación y el alto costo de las restauraciones,

•  Gestar y estimular nuevas imágenes de y en torno a la ciudad histórica,

•  Promoción del uso de la ciudad generando actividades,

•  Compañía de Turismo (promoción y mercadeo en el exterior),

•  Adiestramiento de artesanos de la restauración,

•  Mudanza del puerto de carga al otro lado de la bahía y desarrollos de muelles para cruceros,

•  Restauración y rediseño de todas las plazas y paseos,

•  Iniciativas privadas, tales como la adquisición de propiedades para rehabilitarlos y crear un mercado para ellas, e

•  Iniciativas comunitarias, como el rescate de tradiciones como las fiestas de la Cruz y las de la Calle San Sebastián, y protección de la vida comunitaria ante la amenaza que representó el incremento de visitantes (código de orden público).

¿Por qué la gente privilegia a la ciudad colonial como espacio turístico?, se preguntó el arquitecto Quiles.

Al respecto dijo que ha aprendido que una parte importante de la historia del país está grabada, de manera tangible, en su espacio, por lo que constituye una referencia.

´´No olvidemos´´, recalcó, que ´´los eventos, los conflictos, las expresiones culturales, los procesos económicos y políticos, los ejercicios del poder, así como la vida cotidiana, marcan la ciudad´´.

Asimismo, entiende que los procesos históricos-sociales quedan grabados como un texto en los nombres de los sitios y calles, en la memoria de sus edificios y en sus espacios.

Qué es el Viejo San Juan

Por otro lado, afirmó el arquitecto Quiles, que ´´el Viejo San Juan es una ciudad viva donde se mezclan los lugares y monumentos históricos con los espacios residenciales, culturales, gubernamentales y comerciales´´.

Dijo que allí se vive, se compra, se trabaja, se hacen gestiones, se visita una galería de arte o un museo, ofrece diversión a un público variado, su oferta educativa cubre la gama completa desde el nivel pre-escolar al universitario, es la sede principal del Gobierno Municipal y de importantes oficinas estatales como el Departamento de Estado; tiene iglesias y hoteles y, de paso vive allí también la Gobernadora.

El Viejo San Juan es, añadió, ´´ un punto de referencia para el encuentro. No es una ciudad museo congelada en el tiempo. Su población es heterogénea, pues conviven allí el banquero millonario y el vendedor de revistas y periódicos´´.

Afirmó que el paisaje urbano de San Juan es una mezcla armómica de edificios monumentales y emblemáticos como los fuertes militares y las iglesias y edificios domésticos como las viviendas, por lo que la ciudad es un conjunto.

Quiles expresó que el paisaje construido es diverso y ameno, no por la diversidad de estilos, tamaños y diseños, sino por la manera en que aprovecha la topografia.

Indicó que el paisaje natural es uno de los recursos más importantes y ayuda a definir el carácter de la ciudad.

Sin embargo, apuntó que el proyecto que ha descrito ha tomado décadas en concretarse.

Dijo que no ha estado exento de contrariedades y contradicciones, como lo ha sido el aumento en el valor de la propiedad que, por un lado, incentiva la inversión mientras emjuja los de menor capacidad económica hacia afuera.

Proyecto rentable

De todos modos, la rehabilitación del área colonial o Viejo San Juan, ha resultado una experiencia rentable, desde el punto de visto turístico y económico.

En lo que fue recinto amurallado hasta finales del Siglo XIX, viven actualmente alrededor de 15 mil personas.

En el año 2001, recibió un millón 300 mil turistas que llegaron en 625 cruceros, y gastaron 130 millones de dólares.

Santo Domingo, abril 19, 2004.

 

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