ESPECIALISTAS ANALIZAN LA DOLARIZACION
EN REPUBLICA DOMINICANA
Dos ex gobernadores del Banco Central y un experto en
derecho aconsejaron ser cautelosos para manejar el tema de
la dolarización de la economía en la República Dominicana.
Los licenciados Héctor Valdez Albizu y Bernardo Vega
(economistas), así como el doctor Luis Heredia Boneti (abogado),
expusieron sus puntos de vistas durante el desarrollo del
conversatorio sobre dolarización el pasado Jueves 8 de marzo,
organizado por la Fundación Global Demoracia y Desarrollo,
que preside el ex presidente de la República Dominicana, doctor
Leonel Fernández. Es la tercera actividad que nuestra entidad
convoca para discusión de temas económicos y sociales de la
agenda nacional. Previo a este conversatorio, la Fundación
concentró a panelistas nacionales e internacionales, voceros
de entidades privadas y públicas, para discutir el tema del
petróleo y su repercusión en nuestras economías. Un primer
foro había organizado nuestra entidad que trató el tema “Democracia
en el Siglo XX1: Experiencias y Desafíos de Iberoamérica”.
HECTOR
VALDEZ ALBIZU
Valdez Albizu, gobernador del Banco Central durante
la administración de Fernández, fue el primero
en exponer sobre dolarización en el conversatorio. Afirmó
que el momento es inoportuno y no se jusitifica que el país
se embarque en una medida como esa.
El ex funcionario, quien trabajó en el Banco Central por
30 años hasta llegar a ser gobernador del mismo por seis años,
recordó que “en la década de los 90, América Latina, y el
resto del mundo, se vio afectada por turbulencias financieras,
que se inició con el llamado efecto Tequila mexicano, que
provocó el vuelo de los capitales golondrinos”.
Refirió que este fenómeno contaminó a los principales países
latinoamericanos y removió la esencia misma del sistema financiero
internacional, tras recordar las reuniones a la carrera que
se convocaban en Washington para ver cómo ir en ayuda de México
y enfrentar la situación.
Después de la crisis mexicana, acompañadas de otras de menor
proporción, le sucedieron las crisis de los países asiáticos,
la rusa y luego la crisis financiera en Brasil.
“Estamos hablando de un virus que se manifestaba en toda
América Latina, que podría contaminar a países pequeños y
grandes. También se produjo la caida de los precios del ferroníquel,
el cobre y el oro, que provocó una recesión en Bolivia y en
Chile y el problema de la crisis financiera en Brasil, que
fue de endeudamiento interno, no externo”, expuso.
Todo esto-dijo- aconteció en América Latina, lo que se tradujo
en disminusión de las reservas de cada país debido a que bajaron
las importaciones de los productos principales y porque los
capitales frescos, de corto plazo, emprendieron la huida.
Frente a esta turbulencia en América Latina, las consecuencias
inmediatas en los países nuestros fueron las siguientes:
Lo primero es la infuncionalidad de los sistemas cambiarios,
caracterizados por inestabilidad y alta volatilidad del tipo
de cambio y, en algunos casos, una sobrevaluación del mismo
con una excesiva depreciación. El tipo de cambio, agregó,
es una variable política, que los gobiernos miden la efectividad
de la economía dependiendo de cómo se comporte el tipo de
cambio.
El segundo elemento que se manifestó fue la inestabilidad
de los precios, es decir los altos niveles de inflación, lo
que provocó la intervención de los mercados en Chile, Brasil,
Uruguay, Ecuador y República Dominicana en menor medida, tratando
de frenar la masa monetaria, vía la absorción del dinero en
circulación para que no se presionara la demanda. Esto se
desarrolla en medio de una disminusión de las reservas internacionales,
de manera que algunos países se vieron imposibilitados de
cumplir con sus obligaciones externas.Esos son los problemas
fundamentales que enfrentan estas economías.
El ex gobernador del Banco Central citó un artículo de los
profesores de la Universidad de Harvard, Jefrey Sachs y Felipe
Lapeix, titulado “Por qué la dolarización es más una camisa
de fuerza que una salvación”.
Comentó que ambos coincidían en señalar que había que tener
cuidado en creer que la panacea de los países, pequeños sobretodo,
era atar nuestra moneda al dólar porque perdía poder para
enfrentar los choques externos, sobre todo las naciones que
eran muy vulnerables a esos choques externos.
Consideró que un país con un tipo de cambio flexible, bien
manejado, era posible a través de la apreciación o depreciación,
absorver esos choques sin afectar los sectores económicos
nacionales.Se opuso a que los países como República Dominicana
busquen solución a tantos problemas con una sola política
como la dolarización. Insistió que para adoptar una medida
como ésa es necesario llenar pre-requisitos, como tener niveles
de reservas adecuados, que permita absorver la base monetaria,
entre otras cosas.
BERNARDO
VEGA
El ex gobernador del Banco Central y director del periódico
El Caribe, licenciado Bernardo Vega, hizo referencia a un
artículo que escribió en el año 1990 en el que favorecía la
dolarización, al tiempo de aclarar que no fue la primera persona
en el país en plantear ese punto de vista.
Expuso que comenzó a ponderar las ventajas de la dolarización
porque contrastó como historiador, la estabilidad monetaria
de la República Dominicana en los primeros 50 años del siglo
XX, en contra de la inestabilidad verificada en los 50 años
posteriores.
Sin consultar a nadie- recordó Vega- uno de nuestros gobiernos
decidió adoptar el dólar como moneda de curso legal, pero
que Washington ni siquiera se enteró de esa medida adoptada
por Ulises Heureaux, que generó gran estabilidad monetaria
y poca fuga de capital.
Reconoció que en esta parte del mundo, la historia del Banco
Central no tiene más de 50 años, el más viejo, mientras que
en el Caribe anglo parlante estas instituciones surgieron
a principios de la década del 70, cuando los ingleses emigraron
que dejaron caja de conversion. Refirió que los Bancos Centrales
son un fenómeno del siglo XX a nivel mundial. Precisó que
fue para la década del 90 que se puso de moda la caja de conversion.
Aseveró que la economía dominicana a principios de los 80s
era una economía agrícola de azúcar, café y cacao, pero que
en siete años se convirtió en una economía de servicios, de
manera que un sistema monetario, basado en el dólar en más
lógico para una economía de este tipo, como es el caso de
Panamá.
“Ahora, uno de los problemas más serios para plantear esta
discusión del dólar, que crea mayor confusion, es que donde
se ha hecho la dolarización ha sido por rezones muy malas,
esencialmente tomada como última instancia”.
Citó los casos de Argentina y Ecuador donde la inflación
llegó a niveles elevadísimos y, en el caso de este ultimo
país donde el sistema bancario quebró, entonces acude a la
dolarización porque no encuentra otra solución.
Vega enfatizó que en Washington se pensó en la dolarización
en términos políticos cuando Estados Unidos firmó el Tratado
de Libre Comercio con México, pero que poco tiempo después
de firmarse ese acuerdo, se produjo una devaluación tremenda
de la moneda mexicana. Adujo que los Estados Unidos se preguntaban,
si podían tener socios que devaluaran tan fuertemente su moneda,
pues sus exportaciones no podían competir allá y, en cambio,
debían comprar importaciones baratas a México.
Ahí surge el planteamiento, dijo Vega, de obligar a México
a poner una caja de conversión o dolarice para que la competencia
se haga en términos comerciales, sin esa gran desventaja que
tiene el país azteca para hacerlo y Estados Unidos no.
Refirió que el tema de la dolarización también surgió en
El Salvador en un momento en que ese país centroamericano
salía de una guerra civil y con un gobierno como
el de Arena, bastante derechista, que tenía temor de
que la izquierda revolucionaria le ganara en unas elecciones.
No fueron rezones propiamente técnicas las que llevaron a
ese gobierno a adoptar esas medidas.
Tras un recuento de lo que ha sido el fenómeno de la dolarización
en el continente, el licenciado Vega explicó las tres formas
como se puede llevar a cabo: ( a) la adopción unilateral,
“como hicieron nuestros abuelos a principios de siglo”, sin
decir nada a Washington; b) la negociación de un tratatado
de asociación monetaria, como hizo Panamá con Estados Unidos
a principios de siglo y ( c) la convergencia mediante la cual
una serie de países de ponen de acuerdo para ir adoptando
un tipo de cambio unificado, dejando su moneda original, como
es el caso del euro, la experiencia de Europa. Comentó que
cambiaría su parecer que tiene desde hace diez años a favor
de la dolarización, si la República Domincana contara con
un Banco Central autónomo, que pueda decirle que no al Palacio
Nacional, con un gobernador que no pueda ser quitado por un
decreto debido a que si se estableciera una disciplina monetaria,
eliminaría muchas de las ventajas de la dolarización.
LUIS
HEREDIA BONETI
El tercero en exponer fue el jurista Luis Heredia Boneti,
quien enfocó el tema desde el punto de vista legal. A continuación
sus consideraciones:
Quiero hacer tres consideraciones que todos ustedes conocen.
Cuáles son? Aquellas consideraciones que han dado sostén a
la existencia de una moneda de curso legal en la República
Dominicana. En primer lugar, es la Constitución y luego las
leyes monetarias y bancarias y, desde luego, los usos y las
costumbres.
Nuestra moneda en su origen, pues, nace de la creación del
Banco Central en el año 1947, que ya el licenciado Vega explicaba
la no existencia de una moneda, aún cuando existió la papeleta
de Ulises Heureaux, Lilís, pero no como una institución monetaria,
con un banco emisor y algunas que otras reglas para el uso
y circulación de la misma. Fue con la creación de la moneda
en ese año, que tiene como punto esencial la Constitución
de la República, y juntamente con ella una serie de disposiciones
que aparecen en los artículos 3, 111 y 112 de la Constitución.
Qué dicen específicamente esos artículos? Leerlos sería un
poco agotador, pero no es ocioso. La Constitución en su artículo
tres vincula la emisión de la moneda nacional al ejercicio
de la soberanía. Por consiguiente, todo intento por modificar
lo que es hoy un ejercicio de la soberanía, atenta contra
la Constitución misma porque según dice ese artículo, ninguna
enmienda constitucional puede significar injerencia de poder
alguno en la soberanía nacional.
Desde luego, en el momento en que- como nos han expresado
los economistas- no exista la autonomía que el Banco Central
puede ejercer en cuanto a emisión y circulación de moneda
respecta, estamos entrando en una mutilación de nuestra soberanía.
No abundo porque lo importante quizás es retener el concepto,
y ver que los artículos 111 y 112 de la Constitución le otorgan
a esa moneda que emite la autoridad emisora el poder liberatorio,
cuando la Constitución en los referidos artículos habla específicamente
de que solamente la moneda que ha sido autorizada o emitida
por las autoridades, que también la Constitución y las leyes
adjetivas indican es la que tiene fuerza en el territorio
nacional para liberar a cualquiera de sus obligaciones.
Ahí encontramos, por consiguiente, otro obstáculo de tipo
constitucional que habría de salvarse en el momento en que
se piense en una enmienda a nuestro sistema monetario. Repasando
rápidamente algunos aspectos que traería la dolarización,
de carácter legal, es que estaríamos necesitando dos cosas.
Primera, reconocer que muchas obligaciones ya establecidas
han de ser revalorizadas por cuanto habría que fijarle un
stándar a la moneda dominicana que va a desaparecer, bis a
bis, a la moneda que se va a establecer.
Pero las más graves son las obligaciones fiscales. En todas
nuestras leyes dan como premisa básica que son descargadas,
esas obligaciones, en la moneda nacional, de manera que tendríamos
que entrar en una revalorización de nuestros compromisos fiscales.
Eso representaría un fuerte ejercicio legislativo, a fin de
darle alguna seguridad, además de que, en ese caso, habría
que orientar a los jueces porque sería muy interpretativo
para ellos, no encontrar lineamientos específicos para dicidir
cuál es el verdadero valor de un contrato de 15 años.
A donde quiero llevarlos es a que todos estemos conscientes
de que esto tendría, número uno, una afectación muy seria
en todos los aspectos constitucionales que les he mencionado.
En segundo lugar, que tiene esto una necesaria obligación
de revalorizar todo los contratos que se han estipulado, los
distintos parámetros fiscales que hay que tomar en consideración.
Es decir, la dolarización preconiza la necesidad de una enmienda
constitucional, cuya dimension y carácter es de alta sensibilidad.
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