La actividad sirvió, igualmente, para dejar inaugurado el I Máster de Gestión de Seguridad, Crisis y Emergencias, que comenzará el primer fin de semana de septiembre y cuyo título también será otorgado por el centro de estudios superiores español.
El conferencista, Manuel Villoria, tras dar la bienvenida a todos los presentes y el agradecimiento a FUNGLODE por la confianza demostrada en el Instituto Ortega y Gasset, pasó a hablar de políticas públicas a partir de la seguridad, “una prueba de fuego para los gobiernos, y esto implica una revisión y modificación de los parámetros actuales”.
El co director de los programas que quedaban inaugurados con dicha conferencia afirmó que “si no hay seguridad, no hay estado. Eso ha valido y sigue valiendo, pero las sociedades modernas nos permiten ver que ésta no solo depende de la violencia, sino de la educación, de la justicia, etc. El éxito del Estado es garantizar la seguridad interior, y para ellos se ha formalizado en estructuras e instituciones, pero ahora se encuentra con un momento en el que la sociedad le empieza a exigir más. Ya no se trata sólo de seguridad pública, sino también de otros resultados, y para cumplir con ello, el Estado debe conformar algo por encima de lo tradicional: instituciones políticas, económicas y jurídicas para dar respuesta a nuevas demandas cada vez más complejas”. Esto dio lugar a plantear el nuevo paradigma de legitimidad del Estado acorde a los resultados. “Esto es muy moderno”.
Legitimidad.
Al referirse al tema, Villoria dijo que “todo poder necesita legitimarse, dar razones para la obediencia”. Hizo un repaso sobre diferentes elementos de legitimación, como el carisma, la tradición (caso de las monarquías), leyes... “Pero el Poder necesita poco a poco poder justificarse por resultados”.
De acuerdo al catedrático, en la sociedad de hoy hay dos fenómenos clave: globalización y sociedad del riesgo, y se centró en ésta. “La gente es consciente de que nuestros riesgos tienen mucho que ver con la propia actividad humana, con la capacidad del ser humano para transformar su entorno. Los riesgos dependen de nuestro propio desarrollo”.
Villoria vinculó el riesgo con “sociedades que apuestan por el futuro, que se lanzan a él. Las sociedades modernas viven con riesgos para conseguir objetivos fuera de su alcance. De ahí se desarrollan los seguros y la contabilidad. Uno se asegura porque hay riesgos. El capitalismo es impensable sin riesgo. El riesgo empieza a ser valorado positivamente. Hay un riesgo externo, pero también hay otro que nosotros creamos: Chernobil, vacas locas… Hoy en día podemos estar más preocupados por lo que hacemos a la naturaleza que por lo que ésta nos puede hacer a nosotros, y las catástrofes más importantes las causa el ser humano”.
Continuó afirmando que el desarrollo genera daños “y cuanto más avanzamos más difícil es prever los efectos indeseados del desarrollo. Hay muchos efectos imprevistos, cada vez más. El mundo empieza a ser una máquina sofisticada, pero de difícil control, y las amenazas son muy invisibles, y todo es discutible”.
Al ahondar en la idea de los efectos imprevistos como otro rasgo de nuestra sociedad, el catedrático español dijo que “por mucho y muy bien que esté desarrollado el progreso, genera resultados imprevistos. Y se tambalea el axioma de que el progreso siempre lleva a una sociedad mejor. Por ejemplo, los biodiesel generan hambre. Estamos inevitablemente inmersos en la sociedad del riesgo, porque el progreso va a seguir y vamos a seguir generando riesgos cada vez más complejos para la humanidad, y nuestros avances son nuestros riesgos”.
La consecuencia de ello es el miedo, un obstáculo para pensar, para deliberar, para tomar decisiones… “Y tenemos mucho miedo al fracaso, a lo incomprensible, a lo inabarcable”.
Riesgos de la seguridad internacional
Al identificar algunos de los riesgos de carácter internacional, Manuel Villoria habló en primer lugar del terrorismo. “Implica pérdida de libertades junto a amenazas físicas para los ciudadanos. Ha generado un cambio cualitativo y cuantitativo y ha intentado poner en jaque a los Estados, y en cierta parte lo ha conseguido, hasta debilitar el sistema de libertades de la democracia. Ha generado inseguridad global. Todos lo sufrimos cada vez que tomamos un avión. Promueve cambios a escala regional y global, nuevas estructuras de poder”.
A continuación, mencionó como parte de los riesgos principales “las armas de destrucción masiva, la delincuencia organizada, la trata de personas, el tráfico de armas, piratería internacional, tráfico de droga, blanqueo de capital, los Estados fallidos, las enfermedades infecciosas, pandemias mundiales…”Afectan globalmente y no hay la suficiente cooperación para hacerles frente”.
Ante esto, puso en duda la capacidad de la ONU para enfrentar los riesgos, cuestionó la unilateralidad de Estados Unidos en su comportamiento en tiempos en los que se hace necesario el esfuerzo multilateral y propuso tres medidas: redefinir las relaciones entre Estados, repensar la seguridad de forma comprensiva para pensar en todas las amenazas y conceder mayor espacio a la equidad y la justicia internacional.
Prevención y represión, a la vez
En este capítulo, Villoria observó la necesidad de prevenir peligros que afectan a la salud y a la vida. “Y hablamos de seguridad vial, alimentaria, laboral, vial, nuclear, medioambiental, industrial, urbanística, marítima… ¿Qué demandamos? Seguridad integral, y esto es más complejo de lo que hablábamos en el contexto internacional”.
Habló de los países con mayores niveles de criminalidad y observó que la República Dominicana está rodeada por muchos de ellos. “La criminalidad daña la economía de los países y su reducción suele ir acompañada de crecimiento”.
En la parte final de su exposición, Manuel Villoria dijo que la globalización ha generado más desigualdad y ha dificultado la acción social del Estado. “Necesitamos prevención más represión. No nos basta sólo con una de ellas. Tony Blair dice que hay que ser duros con el crimen, pero tenaces con sus causas. Y muchas veces nos encontramos con desigualdad entre las políticas preventivas y las represivas, falta de coordinación entre quienes las hacen, y también hay descoordinación entre quien formula las políticas y quienes las tienen que aplicar”.
Por esto, para concluir, el catedrático español afirmó que “la gobernabilidad tradicional ya no basta y necesitamos gobernanza, y eso implica una preocupación por la gobernabilidad democrática, una legitimidad distinta… La nueva legitimidad implica no solo elecciones, sino también ejercicio efectivo de gobierno, y para gobernar hoy no nos basta con las decisiones del Ejecutivo, también necesitamos buen poder legislativo y judicial, buenos gobiernos central y locales, también a los ciudadanos, a las empresas… Todos nos tenemos que implicar. Esto no es solo del gobierno. No bastan solo las leyes, se necesita una mayor confianza, un mayor capital social para hacer frente a los retos”. |