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Ética empresarial: Un reto para el desarrollo integral
*Por Quirilio Matos Batista
Las empresas excelentes son las que lidian por la calidad, armonizan las capacidades del grupo desde el ejercicio del liderazgo, se forjan día a día un buen carácter, ejercen su rol con coherencia y seriedad , y se percibe en ellas que, en los distintos niveles, las decisiones se toman contando con valores éticos. Para colaborar en esa tarea existen instrumentos bastante perfilados, como son los códigos éticos, los comités de seguimiento y las auditorías, siempre que se entienda que el modo de obligar "ético" no es el modo de obligar "jurídico", porque lo ético pasa siempre por ese difícil -pero insoslayable- tamiz de la convicción, que no se resuelve con sanciones externas.
En la década de los 70, surge en Estados Unidos la " ética de los negocios " ( business ethics) , que en Europa se denominaría " ética empresarial ", quizás para darle un matiz más global o tal vez, como piensa la destacada filósofa española Adela Cortina, “porque el capitalismo neoamericano, del que hablaba Michel Albert, lleva a concebir la empresa como un negocio de usar y, si conviene, tirar, mientras que el capitalismo renano invita a entender la empresa como un grupo humano, que lleva adelante una tarea valiosa para la sociedad, la de producir bienes y servicios, a través de la obtención del beneficio ”. ( Hoy en día se distinguen tres tipos de capitalismo: el anglosajón/norteamericano ; e l asiático, y renano).
Entre los representantes de este último modelo se encuentran países como Francia, Alemania, Holanda y las naciones escandinavas. Cada uno de ellos ha desplegado su forma particular de este capitalismo, aunque su característica principal y distintiva es siempre la búsqueda reflexiva de una conciliación entre los principios del mercado libre y una mayor igualdad social entre todos los ciudadanos.
Este modelo económico es conocido también como “economía social de mercado”: se apoya en un Estado fuerte, que se ocupa de imponer la seguridad jurídica y su control, y en caso dado, de respaldar las sanciones, y al mismo tiempo muestra una notoria parquedad (de sus funcionarios y dirigentes) en mezclarse en las actividades del mercado libre.
Aunque mucha gente, en un principio, se maravilló de la posibilidad de unir dos conceptos como "ética" y "empresa", esta nueva forma de moral se va promoviendo en Europa, América Latina y Oriente.
Época post-industrial
El escándalo de Watergate y otros casos, han hecho que la sociedad norteamericana descubriera que la confianza es un recurso demasiado escaso, y por eso, las empresas emblemáticas refuerzan cada vez más la vigilancia sobre su propia conducta. Nace entonces lo que, a juicio de Cortina, puede considerarse “una ‘ética de la empresa de la época post-industrial', con los célebres apotegmas: ‘la ética es rentable', la ‘ética vende', justamente porque la cohesión en torno a valores éticos permite a una empresa ser competitiva. Teniendo en cuenta que "competitividad" significa no que adquiere la capacidad de arrojar a sus competidoras del mercado (cosa con la que demasiados sueñan), sino que mantiene su ‘viabilidad', su capacidad para mantenerse en el mercado, con una buena relación calidad-precio, conquistando nuevos clientes”.
Hay que decir que asegurar una completa viabilidad es imposible, porque los seres humanos nos movemos siempre en la incertidumbre y las probabilidades ; y por ello ninguna empresa puede garantizarla, aunque cuantos trabajen en ella tengan una formación de punta. Pero una cosa es "garantizar", otra, "aumentar el grado de probabilidad" y, desde esta última perspectiva, las empresas "excelentes", las empresas más éticas, aumentan esa probabilidad de mantener su competitividad en un mercado darwinista, es decir, que evoluciona, cambia y se transforma.
La pregunta es si ante el llamado "capitalismo de Internet" que emerge con fuerza, sigue siendo posible y necesaria una ética de las empresas en esta nueva época. Según la conocida trilogía de Castells, las metas por las que surgió el capitalismo informacional resultan un tanto descorazonadoras para la ética, ya que éste nació con el afán de profundizar en la lógica de la búsqueda de beneficios, intensificar la productividad del trabajo y el capital, globalizar la producción y conseguir el apoyo estatal para aumentar la productividad y la competitividad de las economías nacionales; todo lo cual iría en detrimento de la protección social y el interés público.
Con todo ello, parece que la ética empresarial se enfrenta a problemas casi insalvables, pues parece difícil conseguir que la cultura de la red sea la propia de una ética cívica global, y no una “ nueva Babel” de posiciones múltiples e interesadas; la vulnerabilidad del trabajo pone en entredicho las justas exigencias de un salario digno y de seguros de vida, no digamos la participación del trabajador poco o medianamente cualificado, siempre en la cuerda floja; complicado resulta en estas circunstancias concebir las empresas como grupos humanos, dilucidar quiénes son los afectados, mantener el liderazgo contando con directivos que cambian de empresa en cuanto la oportunidad económica o profesional se lo permite.
Por no hablar del gran reto ético, que consiste -también para las empresas- en forjarse un carácter, un ethos responsable, a través de decisiones que tienen por horizonte el medio y el largo plazo, cuando el “ cortoplacismo” es, por decirlo con Gabino Izquierdo, el tiempo de esta sociedad informacional.
Un abismo
El elenco de problemas se amplía con los de la movilidad de capitales, que parece introducir un abismo entre la economía real y la especulativa, y con esa dolorosa marginación de países y de trabajadores que ya no interesan ni para ser explotados. Ante este panorama, los temerosos de toda la vida arrojan la toalla, porque el mundo les viene grande y pierden todas las esperanzas. Sin embargo, los emprendedores convierten los problemas en oportunidades y se emplean a fondo en la tarea de pensar y, sobre todo, hacer la ética de la empresa en la sociedad de la información, convencidos de que lo que tiene que hacerse es posible, lo que redunde en bien de cada uno de los seres humanos es irrenunciable.
Como comenta Sen en su último libro, "en el análisis del desarrollo, el papel de la ética empresarial debe dejar de tener una oscura presencia y ser reconocido claramente".
Recientemente, INTER-FORUM reprodujo un artículo del Wolf Poulet, representante de la Fundación Friedrich Naumann en la República Dominicana, Panamá y Perú que decía, entre otras cosas, que “precisamente en países como la República Dominicana, que se encuentran en un proceso de crecimiento económico, se requiere un modelo económico jurídicamente regulado y públicamente aceptable, que permita un crecimiento económico sostenible y que a su vez responda más que ahora a las necesidades sociales del país. No nos cansamos de repetir: la economía social de mercado necesita un Estado poderoso, que regule y controle los procesos de desarrollo social y legal de manera imparcial. Esto incluye, entre otros, una tropa policial bien pagada y altamente efectiva, que motivada por su espíritu ético institucional no sea complaciente ante los desmanes de los ricos y poderosos, sino que sirva a los justos intereses del orden público y de la justicia”.
Estas palabras deberían ser reflexionadas, analizadas y dialogadas seriamente para buscar soluciones genuinas, de forma que cada sector del país asuma su rol y sus responsabilidades. No podemos mantener una división tan marcada entre los que tienen mucho y los que carecen de todo. Y es que como dice Rinnov Kan, director de uno de los grupos financieros más importantes de Holanda, "sin valores sólidos estamos coqueteando con el desastre.”
*El autor es Licenciado en Filosofía-Teología Moral.-
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