MEDIOS ELECTRONICOS E INDUSTRIA CULTURAL:
LAS CUENTAS DOMINICANAS

Por Etzel Báez

La cultura como industria de alto impacto económico en el capitalismo contemporáneo constituye fuente de acumulación y valorización del capital. En el contexto de mundialización, se reconoce el carácter estratégico de las industrias culturales en la generación de empleo y renta.

En Estados Unidos la industria audiovisual es el segundo mayor componente del PIB, después de la industria aeronáutica.

Según la UNESCO, la industria cultural es el 3% del PIB en 12 de los 15 países de la Unión Europea, en los otros tres sube hasta un 5.2%.

En España, el gobierno aplicó 2,5 billones de dólares, solo en el 2001. El sector más beneficiado fue el turismo que es el segundo PIB español.

En Francia, las estadísticas muestran que para cada franco aplicado en el área de industrias culturales, retornan cinco bajo la forma de turismo.

En Inglaterra, las llamadas "creative industries" recibieron fuertes incentivos generando empleo y renta mediante la explotación de la propiedad intelectual. Luego que las autoridades constataran que estas industrias culturales contribuyan a la economía británica con el 4% del PIB, empleando 1,4 millones de personas, cerca del 5% del total de la mano de obra activa. Verificaron que la balanza comercial inglesa tiene superávit en las áreas editorial, música, publicidad, arquitectura y mercado de artes.

En el Reino Unido, sectores como la publicidad, mercado de artes y antigüedades, arquitectura, artesanía, moda, cine, artes escénicas, editorial, design, software, radio y televisión constituyen industrias claves que se relacionan directa o indirectamente con otras áreas como hotelería, bares, turismo, museos, patrimonio cultural y galerías de arte.

El gobierno inglés estableció prioridades de apertura de líneas de crédito para estas industrias, la protección intelectual, el estímulo a la creatividad y la formación de platea, el entrenamiento de mano de obra especializada en estrecha colaboración con el sistema escolar.

Asimismo, creó el Creative Industries Export Promoción Advisory Group, con el objetivo de promover las exportaciones de las "creatives industries"; removió obstáculos al libre comercio, y se opuso a la introducción de medidas capaces de afectar la competitividad internacional de las empresas británicas.

En Brasil, la dimensión económica de la producción cultural fue medida mediante pesquisas realizadas por el Ministerio de Cultura en el 1998. los datos arrojaron cifras sorprendentes: la industria cultural mueve cerca de 5 billones de dólares, cifra que corresponde a aproximadamente al 1% del PIB.

Es obvio que más allá de la formación de ciudadanía, construcción de identidades y todo el beneficio que trae la cultura, estas industrias propician aquello que es de la naturaleza de las sociedades de mercado: el retorno palpable y no meramente simbólico de las inversiones realizadas.

LAS CUENTAS DOMINICANAS

El consumo y la producción de productos audiovisuales, por ser instrumentos de información y entretenimiento, se están constituyendo en las actividades culturales más importantes en el mundo.

El mercado publicitario lo sabe y hacia los medios electrónicos dominicanos dirige el 60 % de su presupuesto. La televisión se llevó sólo en el 2002 sobre los 4 mil millones de pesos a precios de mercado, según datos de la empresa Recuento Visual (REVISA).

Desde la perspectiva económica, la industria de audiovisuales se destaca por su papel estratégico en la diseminación de informaciones y en el sistema de decisión de la economía mundial. Representa una fuente importante de generación de producto, empleo y renta. En este sentido, para la República Dominicana estimo que la industria de los medios electrónicos movió sobre los 8 mil millones de pesos en el 2002.

Algo singular es que el sector de audiovisuales no genera dólares de exportación, pero sí en importación sobre los 11 millones de dólares en el 2001. Por supuesto, las artes plásticas y la industria musical exportan buena cantidad de productos y servicios. Aquí habría que mencionar la significativa cantidad de divisas traídas al país por nuestros artistas de la música.

BIEN PÚBLICO

En la oferta y demanda de productos audiovisuales existen elementos que pueden caracterizar a un producto cultural como bien público.

La oferta es influenciada por el bajo costo de reproducción de copias para su distribución frente a un alto número de usuarios. Ahí el costo total de oferta es directamente proporcional al número de espectadores. Por ejemplo, una película tiene un costo original de producción, pero sus copias son mucho menos costosas y llegan a una masa de usuarios.

Con la demanda los usuarios se multiplican. Una película es disfrutada o consumida de forma colectiva.

LOS NUMEROS DOMINICANOS

En el segmento de servicios del Producto Interno Bruto que hace parte de la cultura - diversión, radio y televisión - los dominicanos gastaron alrededor de 3 mil millones de pesos. En audiovisuales más del 60 % de estos, según datos de 1994 del Banco Central.

Estos números pueden ser de mayores proporciones en la medida en que se considere la vinculación entre actividades culturales tales como teatro, música, espectáculos artísticos, artes plásticas, periódicos, libros, literatura y educación. Asimismo, sectores como turismo, moda, diseño, publicidad, videojuegos y la industria de la piratería de libros, música y videos.

Como se ve, el dinamismo tecnológico de la industria de audiovisuales es avasallador: las innovaciones en los procesos de producción, distribución y consumo de audiovisuales se encuentran, actualmente, en el nacimiento de las revoluciones tecnológicas de la electrónica, informática y telecomunicación. Ese proceso trae un paquete de transformaciones culturales profundas.

Frente a esa realidad, las respuestas a los desafíos propuestos por el dinamismo tecnológico de la industria de medios electrónicos audiovisuales en el país - la base tecnológica, la organización empresarial, el control del mercado y la competitividad internacional de las empresas de esa industria - es significativamente nula.

Por ejemplo, desde enero del 2002 se aboga por una discusión nacional en torno al tema del patrón de televisión digital que se debe implementar en el territorio dominicano. Obviamente, una discusión democrática de este calibre depende mucho de las instituciones de políticas cultural e industrial dirigidas hacia la industria audiovisual.

Pues bien, ante los retos actuales y futuros de la industria cultural que se globaliza, ¿cómo puede competir la República Dominicana? Entiendo que con la fuerza y originalidad de su matriz cultural.

Sin embargo, primeramente debemos concentrarnos en las diferencias y en las oportunidades y posibilidades que se abren para los varios segmentos de la industria de productos audiovisuales.

En el caso de la televisión dominicana, esta presenta elementos artísticos, desarrollo de técnicos y estrategias económicas que le pueden permitir una posición en la vanguardia regional.

En el sector cinematográfico, la producción, distribución y exhibición de películas de largometraje las dificultades son trágicas. No hay respuestas a los desafíos económicos debido a las deficiencias institucionales de políticas públicas para esa área.

El cine dominicano pretérito es una mueca de industria artesanal, fragmentada, sin bases comerciales y ausencia total de apoyo gubernamental. El florecimiento simbólico de algunos proyectos cinematográficos es de carácter efímero. Es el caso de la película Nueva Yol que, pese a haber producido en diez años más de cuatro millones de dólares a sus propietarios con una inversión inicial inferior a los 300 mil dólares, no acaba de convencer a potenciales inversionistas y mucho menos al Estado.

Debemos reconocer que aún con una hipotética industria audiovisual, estaríamos siempre en desventajas frente a las continuas innovaciones tecnológicas en productos, distribución, exhibición, además de la capacidad de adaptación a innovaciones demostrada por el star system norteamericano. Esos factores indican que una industria audiovisual dominicana, aun contando con fuerte apoyo gubernamental y privado, estará expuesta a una competencia feroz.

Sólo nos puede salvar la calidad y cantidad de contenidos originales, en los cuales no pueda influir o intervenir o manipular la industria audiovisual mundial. Por cierto, un gigante con talón de Aquiles: la gran crisis de producción de guiones originales.

En ese sentido debemos estudiar y evaluar la capacidad de respuesta dominicana a esos desafíos tecnológicos y económicos, así como las opciones de políticas públicas pluralistas. No me refiero a responder con grandes novedades en términos de soluciones o de diagnóstico para los problemas que afligen al sector. El camino es sistematizar argumentos y compilar las evidencias empíricas disponibles y, de esa forma, contribuir a los debates sobre los problemas y perspectivas económicas para el audiovisual dominicano.

Una medida muy simple, plurianual, y que provocaría un tremendo impacto seria tomar los impuestos de importación, distribución y exhibición del cine foráneo y destinarlos a la producción de cine criollo. Estaríamos hablando de una media anual de 70 millones de pesos, y con eso es posible realizar algunos largometrajes en celuloide, así como cortometrajes y mediometrajes en video digital de alta definición.

Por cierto, este sector de las salas de cine tiene impuestos que impiden su desarrollo y un servicio adecuado al mercado de precios dominicano, pues las entradas a los cines son exageradas debido a los altos porcentajes que tienen que pagar. Los rollos de películas importadas están grabados con el recargo cambiario de 5% del valor, con un 20% de arancel, con el 5% del recargo a la exportación y 12% del Itbis. Las distribuidoras dominicanas son estranguladas con el 7% del Ayuntamiento, el 15% de la renta, el 12% del Itbis, el 1.5 de anticipo, el 6% de publicidad, el 25% sobre remesas al suplidor extranjero.

Empleando 1,400 empleados directos, y otros 800 beneficiarios indirectos, es un medio con tendencia a desaparecer. Solo la distribuidora Álamo permanece en el mercado dominicano. En los últimos 15 años han desaparecido más de 300 salas de cine.

Pero, ¿por qué no se ha dado pasos para solucionar esta crisis del sector? Pues por las divergencias de intereses e ideologías. Podemos afirmar que buena parte de los debates son el resultado de la carencia de informaciones y análisis sistemáticos sobre aspectos económicos de las industrias audiovisuales en el país. Estas carencias constituyen el principal limite a la motivación del estudio y evaluación de acciones simples.

Durante años se ha sugerido un estudio que tome en cuenta tres aspectos.

Por un lado debemos comenzar a discutir conceptos para el análisis económico de la estructura y del comportamiento de la industria audiovisual, así como los objetivos e instrumentos de las políticas gubernamentales que deben ser dirigidas. El Banco Central debe categorizar el Producto Interno Bruto de la cultura.

Concomitantemente, debemos analizar la organización de la industria audiovisual mundial: los factores que hicieron emerger, consolidar y mantener la hegemonía de la industria audiovisual norteamericana. Y ahí mismo debemos identificar las políticas audiovisuales practicadas principalmente por Francia e Inglaterra, así como las acciones de Canadá, México, Brasil, España, Alemania, Japón, Italia y la India para resistir el avance y dominio del producto norteamericano.

Concretamente, debemos estudiar el mercado para una industria audiovisual en el país, sistematizando evidencias estadísticas para poder caracterizar problemas y perspectivas económicas de la industria.

El potencial de una industria audiovisual se puede medir proporcionalmente al mercado de países como Francia donde se venden 155 millones de ingresos / año, con 50 millones de habitantes; o el de Estados Unidos con 1,300 millones de ingresos / año, con una población de casi 300 millones de habitantes; o Brasil con 70 millones de boletos / año, con 170 millones de brasileños.

Creo que para viabilizar el surgimiento y desarrollo de una industria dominicana de audiovisuales, debe adoptarse un modelo diferente al liberal norteamericano e intervencionista europeo. Por ejemplo, actualmente la industria de la televisión se desarrolla sin existencia de reglamentaciones o políticas que la vinculen a la industria del cine, entonces ese puede ser un camino que se caracterice como mercado de productos o fuente de recursos para financiamiento de las inversiones. Más claro, una película exhibida en los cines dominicanos paga mucho más impuestos que una exhibida por cable o captada por antenas parabólicas.

EL PIB DE LA CULTURA

Aunque los economistas no suelen aceptar el término "PIB de... tal cosa", los que trabajamos y nos preocupamos con el sector tenemos el atrevimiento de conceptualizar y categorizar lo que ha sido un tema "tabú" para ser incluido en la "hoja de servicios", es decir la hoja informativa del PIB de un país informada por el Banco Central.

El llamado "PIB de la Cultura" es una forma de identificar el sector para poder desentrañar la participación del valor agregado de ese sector (PIBc) en el valor agregado total (PIB), primero se suman los valores agregados de cada una de las actividades consideradas como culturales dentro del país. El aporte de la cultura al PIB, que se lee APIBc, se realiza mediante la siguiente ecuación:

APIBc=(PIBc/PIB) * 100

Pero para identificar ese aporte es necesario recurrir a la identificación del PIB de actividades culturales. Una de estas formas es mediante el impuesto que se paga por insumos, productos y servicios del área cultural. Por ejemplo, si el gobierno recolectó 600 millones de pesos en el 2002 en concepto del 6% de impuesto a la publicidad pues ya es una vía de identificar valores objetivos.

Cuando alguien procura estadísticas sobre el PIB de la República Dominicana se encuentra con las informaciones contenidas en la página oficial del Banco Central.

Ahí todo está informado, y ese es el PIB del país. Sin embargo, el PIB de la cultura no está explicitado porque no se ha chatee rizado.

Aunque soy un neófito en economía, realicé un ejercicio empírico sobre el PIB de la cultura dominicana y ofrezco estos datos, sujetos a confirmación en un estudio más amplio de un equipo multiprofesional.

La producción cultural dominicana movió, en el 1999, sobre los 10 mil millones de pesos (aproximadamente 15mm). Esto corresponde a aproximadamente el 4% del PIB dominicano de ese año. En los términos de los cálculos hechos para 1994, último año para el cual existen datos publicados por el Banco Central. A precios de 1970.

Analizando las ocupaciones creativas típicamente culturales, según mis cuentas (y valiéndome de otras formulas de análisis), el país genera alrededor de 120 puestos de trabajo directos e indirectos por cada 10 millones de pesos gastados en cultura. Esto revela una dimensión que no aparece en las evaluaciones sobre la cultura debido a que las autoridades son renuentes a reconocer el impacto social y económico que muestra la potencialidad del sector para la generación de renta y empleo.

En el 1994, por ejemplo, considerando todos los sectores y áreas (y valiéndome de estudios de Teófilo Barreiro), estima que unas 60 mil personas estaban empleadas en la producción cultural dominicana. Este contingente es significativo en una economía como la nuestra y que debe ser considerado explícitamente al igual que otros renglones del PIB.

Debemos observar que, con base en datos de la Secretaria de Estado de Cultura, el gobierno invirtió o tuvo unos gastos de cerca de 800 millones de pesos en el patrimonio histórico, artístico y cultural en los años del 2001 y 2002, esto es 400 millones año, como consta en las partidas presupuestarias ejecutadas. Se aclara que aunque el presupuesto de la nación consigna el 1% a la Secretaria de Cultura, esta nunca ha recibido más del 50% de lo consignado.

(De hecho las entidades culturales oficiales recibían más dinero antes de la creación de la Secretaria de Cultura. Por ejemplo en el 1999 recibieron sobre los 512 millones de pesos en conjunto, antes de la ley 41-00).

De los recursos económicos recibidos, Cultura destina en salarios y regalías dos tercios de lo recibido. Las partidas presupuestarias que deberían estar dirigidas a movilizar y potenciar la actividad cultural dominicana es destinadas hacia otros renglones de la economía, en una acción típica de la presidencia de la República.

En nuestras estimaciones sobre el PIB de la cultura, este sector alcanza, en cuanto al valor de la producción cultural dominicana global, cerca del 3% del PIB del 2002 que fue de 386 mil millones de pesos, según datos del Banco Central. Esto muestra la importancia de las actividades culturales para la economía y la sociedad dominicana, comparándola a renglones de servicios tales como salud y educación.

Aunque citamos los gastos públicos en cultura, no hemos analizado el gasto per capita, en razón de que el Banco Central no categoriza, no discrimina, la industria cultural. Si nos fijamos en el gasto del 2002 comandado por la Secretaria de Cultura, este fue de RD47.00 per cápita. Aunque como hemos visto publicado pudo haber sido el doble si se hubiese ejecutado el 1% consignado en el presupuesto nacional de ese año y de acuerdo a la Ley de Gastos Públicos vigente.

LA INVERSIÓN PRIVADA

Aunque el gasto y/o inversión pública en cultura presenta un crecimiento año por año, el mismo es inferior a los gastos efectuados por la empresa privada. Mientras las cifras del 2001 y 2002, presentan gastos públicos de 302.580 a 367.709 millones, respectivamente. La inversión privada es sensiblemente mayor. Solamente una empresa privada dominicana gastó en marketing cultural sobre los 1.200 millones de pesos en el 2002.

IMAGEN INSTITUCIONAL

Existe un elemento fundamental en la promoción de la imagen de las empresas privadas que ocupa los espacios preferenciales del Estado. Es el marketing cultural. Destinar cientos de millones de pesos en industria cultural, para atraer público consumidor más exigente y diferenciado, hacen de estas inversiones una herramienta con gran potencial para el mecenazgo.

El mecenazgo es marketing cultural cuyo fin es igual al del marketing social: devolver a la sociedad parte del lucro y al mismo tiempo humanizar la imagen de la empresa. Con esta acción se asocia la empresa a las grandes emociones y a los procesos de desarrollo integral del ser humano.

En este sentido, abogamos por la creación de leyes que incentiven el desarrollo y consolidación de la industria cultural dominicana, que estimulen a la empresa privada a ser agente más activo generando renta, empleo, riqueza.

CONCLUSIÓN

Concluimos, recomendando políticas que consideren las restricciones venidas de las estructuras de los sectores de distribución y exhibición de audiovisuales. La implantación de un sistema de incentivos gubernamentales como condición necesaria para el nacimiento y sobrevivencia del audiovisual dominicano, pero tomando en cuenta que los mismos no se limiten al subsidio de la producción cinematográfica.

Hay que hacer posible el surgimiento y crecimiento sustentable de la industria audiovisual dominicana, implantando un proceso y nivel de calidad técnica que posibiliten su acceso al público y aseguren fuentes autónomas de financiamiento para su consolidación.

Para viabilizar fuentes sustentables de financiamiento es necesario que las actividades de distribución y exhibición participen de la producción, de esa forma contribuyen a reducir riesgos e incertidumbres inherentes a las inversiones en la actividad audiovisual.

Como fuente de financiamiento y promoción de público, se destacan las posibilidades y necesidades de mayor integración con la televisión, sobretodo por las nuevas oportunidades y desafíos que se abren con la televisión digital.

Al mismo tiempo, considero que en una de Ley de mecenazgo cultural como el anteproyecto propuesto por la actual (2003) administración de la Secretaria de Cultura (SEC), debe estar en sus considerandos uno sobre el PIB de la cultura. Debe manifestarse una definición de marketing cultural que lo diferencie de beneficiario, donante, donación, patrocinante, patrocinio, incentivo fiscal y proyecto cuya conceptualización tampoco está consignada en la ley 11-92. Asimismo, en su objetivo y alcance debe consignarse la plena autonomía de la administración presupuestaria de estos recursos en beneficio de la sociedad en términos pluralistas. Y por último debe reformarse la ley 41-00 en sus considerandos y en sus objetivos, para viabilizar y consolidar la industria cultural dominicana y que le permita ser un vector en su integración a otras industrias culturales de la región. Sólo un tímido artículo de la ley 41-00 se refiere de soslayo a las industrias culturales, el 44 de esa ley: "...Asimismo impulsará estrategias y mecanismos de apoyo para el desarrollo de las industrias culturales dominicanas". Es obvio el casi total desconocimiento del tema para ser tan patéticos en la formulación de ese artículo.

Una sugerencia inmediata, para que el gobierno destine más dinero a las actividades oficiales de Cultura, es que cada entidad oficial de la SEC presente una consolidación de su presupuesto anual y después que se lance la ley de gastos públicos entonces todos esos presupuestos se unen al administrativo central de la Secretaria de Cultura y se consolida en uno solo. Hago la sugerencia porque en la practica, el gobierno viene invirtiendo en cultura mucho menos dinero que antes de ser promulgada la ley 41-00, (alrededor de 100 millones menos cada año); pese a que tiene un estimado de 1% en el presupuesto, tan solo recibe menos de la mitad de lo formulado en la ley, y de estos el gobierno central pide rebaja, o la SEC se ahorra unos millones y los devuelve como no-ejecutados. Así no se puede avanzar, ni desarrollar, ni proyectar la cultura dominicana.

Repetimos que, si la SEC usa el método de "consolidar" presupuestos independientes de cada una de sus entidades y se presentan unilateralmente, y la SEC presenta un presupuesto de gastos administrativos, luego de emitida la ley de presupuestos y gastos públicos, entonces se "fusionan" todos esos presupuestos en uno solo y lo ejecuta la SEC. Estamos seguros que así, por la ecuación nuestra, la SEC obtendría sobre los 750 millones de pesos para su presupuesto anual.

El Estado dispone de los mecanismos pertinentes y además la SEC lo merece pues el aporte de la cultura es determinante, significativo y saludable en la economía del país y mucho más elevado que otros sectores como la minería, zonas francas, cacao, azúcar, entre otros.

Obviamente, esto será posible cuando la clase política, los sectores financieros y la empresa privada reconozcan la relevancia e impacto económico de la cultura.

NOTA: No hemos mencionado la industria de la piratería porque ese es un aspecto que amerita un estudio ponderado y aparte de lo aquí expuesto. Sin embargo, consideraciones internacionales entienden, como dato generalizado, que la piratería siempre será en torno del 50% del valor agregado de un sector.


Etzel Báez

Director teatral, productor y realizador de televisión educativa. Guionista, crítico e investigador de televisión.

Desde 1998, se dedica a la investigación de nuevas tecnologías en medios de comunicación. Es un conocido estudioso del tema de las industrias culturales, preparando actualmente un libro con ese tema.

Es columnista de la revista Ahora y recientemente puso a circular su libro "El crimen de las hermanas Mirabal y el ajusticiamiento de Trujillo", un guión literario sobre ambos temas.

 

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