|
"CULTURA,
TURISMO Y ARTESANIA"
Por Sulamita Puig
En los últimos años del recién finalizado
siglo XX, la cultura, la identidad, el turismo y el desarrollo
han sido grandes temas de reflexión y debate, impulsando
a las Naciones Unidas y su organismo de cultura, la UNESCO,
a declarar el Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural
(de 1988 a 1997). Se logró, luego de diferentes foros,
debates e investigaciones y, sobre todo, con el impactante
informe sobre Nuestra Diversidad Creativa o informe Pérez
de Cuellar, sensibilizar sobre la dimensión cultural
y humana del desarrollo y la relación interdependiente
entre la diversidad cultural y la diversidad biológica.
Allí se motiva en torno a la necesaria preservación
de la diversidad cultural como la máxima riqueza de
nuestro planeta. Se comprende que si la creatividad es la
fuente del progreso humano, la diversidad cultural es el más
rico tesoro que posee la humanidad, elemento vital para su
desarrollo.
Las ideas de desarrollo y de cultura adquieren gran amplitud
a la vez que quedan imbricadas. La visión de cultura
se enfoca más como conformada a partir de los rasgos
distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos
que caracterizan una sociedad, comprendiendo además
de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos
fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las
tradiciones y las creencias (UNESCO-Mondiacult, 1982). Lo
cultural abarca el accionar humano, el conjunto de bienes
tangibles e intangibles que este produce y expresa.
El desarrollo, por su parte, no consiste más en el
mero crecimiento económico, este debe estar incorporado
al desarrollo humano. No basta con lograr un crecimiento sostenido,
se requiere de un crecimiento sustentable y que sea capaz
de reproducirse en el tiempo. O lo que es lo mismo, un desarrollo
que incorpore la dimensión de lo cultural. La cultura
se sitúa en el corazón del desarrollo, es su
matriz y tiene que jugar un papel determinante en la definición
de los objetivos y el contenido de la forma de desarrollo
que sea más capaz de responder a las necesidades y
a las aspiraciones de las sociedades humanas. (Dvorakova,
1979)
El desarrollo requiere de programas en pro de la dignidad
y el bienestar de los seres humanos, como un proceso encaminado
a aumentar las opciones de la gente. El Desarrollo debe pues
ser promovido a partir de perspectivas culturales.
En la República Dominicana no hemos estado ajenos a
esta problemática y hemos visto surgir el organismo
de Cultura que coadyuvaría a entronizar la problemática
cultural con el desarrollo. Durante la anterior gestión
gubernamental se creó el Consejo Presidencial de Cultura
y se promulgó la ley de creación de la Secretaria
de Estado de Cultura como organismo rector del sector; se
dieron pasos de avance en los proyectos que sentarían
las bases para su papel como organismo coordinador y propulsor
de la cultura en los diversos ámbitos de la vida dominicana.
Pero en el momento actual no percibimos los avances vislumbrados.
Lo cultural permanece alejado y ajeno a los planes de desarrollo,
No hemos logrado incorporar la cultura en los planes de desarrollo
ni en nuestra principal fuente de riqueza económica,
el turismo, y tampoco le hemos puesto la debida atención
a nuestras industrias culturales asociadas a este sector como
son el turismo cultural, el ecoturismo, el turismo agrocultural
y las artesanías.
Las industrias culturales
Las industrias culturales comprenden las actividades de producción
y comercialización que, impregnadas de identidad, tienen
como materia prima la creación. Se incluyen, entre
otros, los siguientes sectores: editorial, fotográfico,
cine, video, televisión, artes escénicas, publicidad,
artesanías, revistas, prensa, radio y artes visuales,
a las que se le suman, por la relación que mantienen
entre la economía y la cultura y debido a que juegan
un papel muy importante en este ámbito: la enseñanza
artística, las nuevas tecnologías, la restauración,
uso y apropiación social del patrimonio arquitectónico
(mueble e inmueble) y arqueológico, turismo cultural,
fiestas y festividades populares
A este conjunto de actividades se les reconocen dos importantes
impactos: uno como generadoras de sociedad y otro como generadoras
de producto económico. Pero debe señalarse que
el valor de los productos de las industrias culturales se
sitúa muy por encima de su utilidad como bienes materiales,
prevaleciendo en ellas los valores simbólicos sobre
los de uso y cambio. Poseen externalidades positivas que van
más allá del impacto económico que producen.
(Economía y cultura, 2001). Todo esto muestra la importancia
que revisten dentro de los planes de desarrollo.
Dos industrias culturales están estrechamente relacionadas
con el sector turístico: el turismo cultural y la artesanía.
El Turismo
El turismo, eje central de nuestra economía, desde
los albores de la humanidad está enlazado con los procesos
culturales. El turismo provoca un efecto cultural tanto para
el visitante como para sus anfitriones.
En 1960 se movieron por el mundo 60 millones de turistas y,
según la Organización Mundial de Turismo, OMT,
el número de visitantes internacionales sobrepasó
en 1995 los 570 millones, produciendo aproximadamente 372
millardos de dólares (370 mil millones de dólares
anuales) de ingresos, y se prevé que el movimiento
a nivel mundial para el 2010 será de 937 millones de
personas con un gasto turístico anual a nivel mundial
de alrededor de mil quinientos millardos de dólares.
Este fenómeno, que ha aportado en los últimos
años más de la mitad de los flujos de capitales
extranjeros a los países en desarrollo, mantiene un
crecimiento promedio estable de un 4% desde 1980 y se vislumbra
que se mantendrá en los años venideros. Esto
es algo fundamental dentro de nuestros planes de crecimiento
económico, máxime si tomamos en cuenta que el
Caribe constituye uno de los tres grandes receptáculos
de vacaciones, junto al Mediterráneo y el área
Asia Pacífico.
Dentro del contexto del Gran Caribe, la República Dominicana
ha pasado de un 7mo lugar que ocupaba en 1986, a un segundo
lugar, después de México, o a un primer lugar
en el 2002 si se toma en cuenta solamente el Caribe Mexicano.
Los ingresos de divisas han pasado de US $420 millones en
1986 a unos US $3,000 millones para el año 2003, según
las últimas proyecciones del Banco Central, ya que
en el primer semestre de este año habían ingresado
US$1,610 millones, lo que representa un crecimiento superior
a un 18% para igual periodo en el año 2002, y un 28.8%
del PIB. Esto se debió a que en el primer semestre
del 2003 ingresaron al país 1,625,825 turistas sólo
por vía aérea, lo que permite prever un ingreso
de más de 2,500,000 turistas para este año,
y a que también ha aumentado el gasto diario por turista,
el cual pasó de US$101.47 por día en el año
2000 a US$114.73, en el 2003. Igual vitalidad se percibe en
el crecimiento del número de habitaciones hoteleras,
las cuales pasaron de 52,343 en el 2001 a 56,209, en el 2003.
Es decir, que con el desarrollo del turismo, es cada vez más
grande el mercado que se abre para las industrias culturales
nacionales.
Una gran deformación sufrida por nuestro sector turístico,
sin embargo, es la de que el mismo se dirige fundamentalmente
hacia el turismo de sol y playa, prácticamente aislado
de la vida cultural del dominicano, y de espaldas a las realidades,
deseos y metas de las poblaciones más cercanas. Es
un turismo de ghetto. Y como dice Alfredo Taracchini: "...
un país no puede limitarse a ser la playa o el jacuzzi
del mundo¨. Sobre todo la República Dominicana,
que posee uno de los patrimonios histórico-culturales
más ricos de América latina con sus 29 primacias,
un entorno natural tropical extraordinario y una población
que, por su creatividad y sociabilidad, constituye uno de
sus principales activos.
A nivel mundial, el papel de la cultura toma una nueva importancia
en el turismo cultural; va transformándose la motivación
que años atrás se expresaba fundamentalmente
hacia el turismo de evasión y ruptura con la vida cotidiana,
hoy se considera que alrededor de la mitad de los turistas
actuales son sensibles o susceptibles a interesarse en la
cultura. Es un turista que comprende y se interesa cada vez
más por la identidad cultural de las regiones que visita
y encuentra interés en el mantenimiento de la especificidad
de cada destino. Pero además, existe una complementariedad
entre estos dos grandes estilos de viajeros quienes en la
actualidad demandan ambos productos.
Es necesario orientar nuestro turismo hacia el turismo cultural
a fin de que el mismo sea capaz de generar riqueza económica
y bienestar social y sea una forma de preservar nuestra identidad
y nuestros valores culturales, al tiempo que expandimos hacia
el mundo nuestro perfil nacional. El turismo cultural puede
revitalizar las viejas tradiciones y los componentes culturales
y adaptarse a una nueva situación. Dentro de ese marco,
la artesanía ocupa un lugar de primera importancia.
La artesanía
¨ Entre el tiempo sin tiempo del museo y el tiempo acelerado
de la técnica, la artesanía es el latido del
tiempo humano ¨. Octavio Paz
La artesanía es una de las vías que tienen los
pueblos para contar su historia y mostrar su creatividad.
Es una actividad creativa enraizada en la identidad propia
de cada pueblo, capaz de movilizar los valores más
auténticos de las comunidades para enfrentar los efectos
de la pobreza y la exclusión social. Es una auténtica
y genuina manifestación cultural.
Se ha calculado que las artesanías representan cerca
de una cuarta parte de las microempresas en el mundo en desarrollo.
Permiten que los productores reciban ingresos directamente
y permiten la participación de millones de personas
en la producción, muchas de ellas mujeres, especialmente
en las áreas rurales. No es costoso crear un puesto
de trabajo artesanal, ni se requiere un equipo caro para la
producción, ni grandes naves industriales, ni complicadas
tecnologías.
La artesanía se presenta como un factor idóneo,
con efecto social multiplicador, que contribuye no sólo
con la generación de empleos a corto plazo para suplir
una demanda inmediata de productos artesanales sino, lo que
es más importante, que hace participe de los beneficios
del turismo a las comunidades, al tiempo que contribuye a
afianzar nuestra identidad.
La definición de una política nacional de artesanía
dirigida a propiciar el desarrollo de un fuerte, variado y
calificado sector artesanal que pueda cubrir la demanda local
y al mismo tiempo exportar, crearía un importante espacio
generador de divisas que ayudaría al equilibrio de
la balanza de pagos del país. Pero también correría
de la mano con la lucha en contra de la pobreza, una de las
metas decididas por las Naciones Unidas para los próximos
15 años y el mayor desafío que tienen y tendrán
los gobiernos dominicanos.
Las artesanías no son sólo un testimonio cultural,
sino un medio de subsistencia para miles de personas en nuestro
país, y en América Latina son millones las que
laboran en el mismo, beneficiándose de políticas
estatales vigorosas de apoyo al sector. Ya en 1980, 9,898,200
personas trabajaban como artesanos en 14 países de
América Latina (SELA, 1980). México y Ecuador
resaltan como ejemplos significativos. En República
Dominicana existen 360,000 micro y pequeñas empresas
que generan 1,200,000 puestos de trabajo. Lamentablemente
las estadísticas dominicanas respecto al sector artesanal
son fragmentarias y limitadas. El Consejo Presidencial de
Cultura, en la gestión anterior, inició una
encuesta que ha permitido registrar 3700 artesanos, muchos
de los cuales poseen talleres propios.
Según datos del Banco Central, para el 2002 el consumo
de los turistas en compra de regalos (incluyendo artesanías
importadas, ropas, souvenir, cigarros, ron y otros productos
turísticos) ascendió al 8.5% del total de los
ingresos por turismo, es decir, US $197 millones de dólares,
monto mayor que lo generado por las exportaciones de café
y cacao. La artesanía tiene un amplio campo para desarrollarse,
sobre todo si se toma en consideración que el 80% de
la artesanía vendida en el mercado local es extranjera.
Además de la distorsión cultural que esto representa,
esto significa también que estamos financiando el mercado
de trabajo de otros países.
Este sector debe contar con la atención del Estado,
por las características que presenta, como son: el
grado de marginalidad en que transcurre y se desenvuelven
los artesanos, lo que incide en las condiciones de producción;
su no organización, lo que a su vez, dificulta la difusión
y comercialización; el hecho de que la artesanía
sea una actividad productiva generada por individuos, talleres
familiares o microempresas que por lo general no tienen acceso
a las fuentes de financiamiento.
La artesanía representa un sector de actividad con
la capacidad de generar empleos para segmentos de la población
sin posibilidades de estudios o tradicionalmente excluidos
de los mercados formales de trabajo, sin requerir enormes
inversiones. Ofrece además posibilidades significativas
de desarrollo y formación en particular de los jóvenes
y las mujeres, aprovechándose para tal efecto condiciones
preexistentes como conocimientos, recursos o materias primas
al alcance de la mano y bajos costos de la producción.
Para promover el impacto de la artesanía, urge la necesidad
de emprender una acción Intersectorial coherente y
concertada que refuerce sus vínculos con otros sectores
del desarrollo, como son: turismo, medio ambiente, micro-empresas,
educación,... y que dé prioridad a proyectos
y actividades artesanales que contribuyan al desarrollo sustentable.(Vencatachellum,
1998) Como ejemplo de este tipo señalo la importancia
que reviste la inclusión en el currículo de
la educación dominicana, en los dos últimos
años de la educación Media, la modalidad en
Artes y específicamente en Artes Aplicadas, que con
una acción concertada podría constituirse en
el vivero de los artesanos dominicanos. La cooperación
internacional, sobre todo con países de larga y vasta
tradición artesanal, como México, Ecuador y
Colombia, podrían contribuir mucho a la educación
y entrenamiento de los actuales y futuros artesanos.
Además, se hace necesaria una acción coherente
capaz de integrar los aspectos de formación, promoción
y adaptación de la producción a las necesidades
de la sociedad y que dé solución a los problemas
esenciales de la comercialización y, finalmente, una
acción concertada entre las diferentes secretarías
e instituciones que trabajan con el sector a fin de potenciar
los recursos financieros destinados al mismo.
La artesanía representa una actividad cultural que
expresa lo más profundo del alma de un pueblo. Manifiesta
sentimientos y esperanzas conectadas con la identidad nacional.
Es tan generosa que, ligada a las bondades históricas
y naturales de la nación, es capaz de generar puestos
de trabajo y riquezas que ayuden a combatir la pobreza y a
impulsar el desarrollo económico y social de la Republica
Dominicana. Por tales razones, merece un apoyo estatal decidido,
a través de una política nacional eficaz, coherente
y permanente en el tiempo.
Muchas gracias.
Bibliografía
BANCO CENTRAL
DE LA R. D. Encuesta de Opinión, Actitud y Motivación
a Extranjeros no Residentes 2002. Santo Domingo: Banco Central
República Dominicana, 2003"
www.bancocentral.gov.do
Dvorakova, Viera
Comité Intergouvernemental pour la Décennie
Mondiale du Développement Culturel. Rapport final.
París : UNESCO 1997
Ministerio de
Cultura Economía y Cultura. Una aproximación
al impacto económico de las industrias culturales en
Colombia. Colombia: CERLAC, 2001
SELA El Artesano,
Monografía Horizontal. Panamá: SELA, sep.1980
Pérez
de Cuellar, Javier Nuestra Diversidad Creativa. Informe de
la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo. México:
UNESCO, 1997
UNESCO Comité
intergouvernemental pour la Décennie Mondiale du développement
culturel. Rapport final. Paris: UNESCO, 1997
" Culture,
tourisme, développement: les enjeux du XXIe siècle.
Actes de la table ronde. Paris: UNESCO. 1996
Mondiacult.
Conferencia Mundial sobre Politicas Culturales. Informe final.
Paris : UNESCO, 1982
" Culture,
tourisme, développement: les enjeux du XXIe siècle.
Anales. Paris: UNESCO. 1996
Taracchini Antonaros,
Alfredo Turismo Cultural en América Latina y El Caribe.
Encuentro Internacional sobre Turismo Cultural en América
Latina y el Caribe. Cuba: ORLCAL, UNESCO, 1996
Vencatachellum,
Indrasen Prioridades de un Programa Nacional de Artesanía.
Dirección Unidad de Artesanía y Diseño.
División de Creatividad, Industrias Culturales y Derecho
de Autor de la UNESCO. Charla. Santo Domingo,1998
Sulamita Puig de González
Licenciada en Letras de la Universidad de la Sorbona, Paris
III. Postgraduada en comunicación lingüística
y literatura en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo.
Actualmente participa en el programa doctoral de filosofía
y lenguaje de la Universidad Complutense, de Madrid.
Fue directora del Instituto de Lengua y Cultura, y ha participado
en la elaboración de proyectos de su especialidad.
Es catedrática de la Universidad Autónoma de
Santo Domingo, y ha laborado para la Universidad APEC y la
Universidad Iberoamericana.
|