Biodiversidad amenazada
Una radiografía crítica del medio ambiente

Una exhaustiva radiografía del estado del Medio Ambiente en el país nos lleva a la conclusión de que la República Dominicana vive una aguda crisis ambiental. Una crisis que es de conciencia, de educación, de valores, de visión de futuro, de manejo y de políticas claras. Por eso se plantea la necesidad de cambiar radicalmente la visión inmediatista con la que se está trabajando en este sector para programar un esquema sustentable a largo plazo. Un repaso por la diversidad biológica del país, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, el estado actual de las políticas de Medio Ambiente y de la legislación, y los principales problemas que amenazan la biodiversidad del territorio dominicano.

 Sinopsis

La República Dominicana, a pesar de su limitado tamaño, es uno de los países más ricos en biodiversidad de todo el Caribe. Múltiples especies de insectos, anfibios, reptiles, peces, aves, plantas, muchas de ellas endémicas de la Isla Española habitan aquí. La riqueza y sostenibilidad de estas especies y ecosistemas se encuentran sin embargo seriamente amenazada debido al uso inadecuado, indiscriminado y excesivo que hace de ellos la población. La pobreza y la falta de conciencia ambiental, al tiempo que son efectos de la degradación de los recursos naturales, se convierten a la vez en causas inversas de esta degradación. El cambio de uso de la tierra  derivado de la ausencia de reconocimiento de la capacidad de uso de ésta, lleva a fenómenos como la erosión de los suelos, la desertificación, el cambio en los patrones climáticos, la falta de precipitaciones, el deterioro de las cuencas hidrográficas, la desaparición de los bosques y de las especies silvestres de flora y fauna, etc. Y a pesar de los esfuerzos por conservar determinadas áreas silvestres y por regular el uso de los recursos naturales y el medio ambiente a través de una legislación ambiental moderna, lo cierto es que la degradación continua y parece no haber forma de detenerla. El círculo vicioso de la pobreza y la degradación ambiental parece ser un proceso incontenible. Frente a esta situación se impone anteponer políticas y voluntades que frenen esta situación y enrumben al país por los senderos de un desarrollo socioeconómico y ambiental responsable, que sea sostenible para las presentes y futuras generaciones.

 1.      Introducción

 El medio ambiente es un fenómeno complejo, integrado por aspectos naturales y antrópicos que interactúan y se condicionan recíprocamente. Hacer un enfoque del estado del medio ambiente implica, en consecuencia, tratar en sus interrelaciones aspectos como el estado y calidad de la diversidad biológica, del bosque, las aguas, el aire, el entorno marino costero, las cuencas hidrográficas, los suelos, el sistema orográfico, etc.

Sin embargo, un trabajo de tal envergadura no es posible presentarlo en un pequeño ensayo como éste. Por ello, hemos limitado nuestro enfoque a los tópicos que consideramos más relevantes y cruciales para caracterizar las principales tendencias del país en materia de medio ambiente y manejo de recursos naturales. Estos tópicos tienen que ver con la diversidad biológica, el sistema nacional de áreas protegidas, las políticas ambientales, el marco legal e institucional de tales políticas, el uso actual y potencial de la tierra y el estado de las aguas.  El abordaje de estos temas no es en modo alguno exhaustivo, el enfoque que hacemos abarca las características que consideramos fundamentales, pero sin abarcar toda la riqueza de detalles de cada uno de ellos. Se hace una caracterización separada de cada tópico,  pero teniendo en cuenta que esta separación es sólo para fines de análisis, pues en el contexto concreto, existe un entrelazamiento que no permite su trato aislado sino integral. Es esta perspectiva de integralidad lo que va a permitir tener una visión de conjunto del estado del medio ambiente y los recursos naturales, así como de las causas que provocan su degradación. República Dominicana vive actualmente una aguda crisis ambiental. Una crisis que es más que todo una crisis de conciencia, de educación, de valores, de visión de futuro, de manejo. El uso de los recursos responde a una visión inmediatista, lo cual conduce a un esquema de desarrollo que no tiene ninguna preocupación por las generaciones venideras. Se trata, en fin, de una crisis de sostenibilidad, en donde el ser humano no es capaz de mantener el balance de los sistemas naturales y de vivir acorde con las leyes de dichos sistemas. Revertir esta crisis es el principal reto de una visión sustentable del desarrollo. El objetivo de este ensayo es, pues, exponer en forma analítica los principales problemas derivados del uso inadecuado de los recursos naturales así como argumentar en torno a la necesidad de su manejo sustentable. Para ello se parte de varias fuentes de información que han analizado en distintos momentos la temática ambiental.

 2. Diversidad Biológica de la República Dominicana

 No obstante ser un país muy pequeño, con unos 48,442 Km2, la República Dominicana cuenta con una gran diversidad climática y de zonas de vida, que permite a su vez la existencia de una gran diversidad de especies y ecosistemas. El país posee la elevación más alta del Caribe, el pico Duarte, con 3,175m sobre el nivel del mar y con la depresión topográfica más baja del Caribe, 40 metros bajo el nivel del mar en el Lago Enriquillo, en el Valle de Neiba.[1]  Otra característica importante de la República Dominicana y de gran significado ecológico es su ubicación geográfica limítrofe entre el trópico y el subtrópico, lo cual, sumado a las características anteriores ha favorecido la formación y adaptación de múltiples especies y subespecies en una larga lucha evolutiva por su supervivencia.[2] Debido a la heterogeneidad y variabilidad de sus regímenes climáticos, la República Dominicana es uno de los países con mayor número de especies silvestres nativas, ocupando el segundo lugar en riqueza de biodiversidad dentro de las islas del Caribe.[3]  Y si bien los autores no están totalmente de acuerdo en el número de especies endémicas y nativas del país, las cifras que ofrecen son bastante similares.[4] En general, la flora de la Isla contiene aproximadamente unas 5,657 especies, con un 36% de endemismo.  Se estima que existen aquí unas 5,000 especies de plantas de altura, de las cuales 1,800 son endémicas. Existen también 296 especies de aves, de las cuales 23 son endémicas. 1).[5] En el caso de los peces, el nivel de endemismo alcanza el 53%, para los anfibios el número de especies endémicas es de 97%, en tanto que para los reptiles es de 83%.[6]

 Cuadro No. 1

Diversidad, endemismo y especies amenazadas en plantas y vertebrados terrestres de la Rep. Dominicana

 

Según la organización ambientalista Conservation International, en la isla Española existe una de las mayores concentraciones de especies endémicas del Planeta. Los reptiles, como los lagartos Anolis, son particularmente diversos: 497 especies de reptiles se encuentran en ésta, 80% de las cuales son endémicas. El número de especies de vertebrados es de 1,518, siendo más de la mitad de ellos únicos al Caribe.[7]

3.      El Sistema Nacional de Areas Protegidas  

Las áreas protegidas son fundamentales para la conservación y preservación de la diversidad biológica y genética, así como para la regulación de las cuencas hidrográficas, la conservación y fijación de suelos, los intercambios de gases por parte de la masa vegetal y  el valor escénico para fines turísticos, recreativos y goce estético.

 Al igual que en la mayoría de los países de América Latina, en la República Dominicana se ha ido consolidando un sistema nacional de áreas de conservación, que, según se define en la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales, comprende todas las áreas de ese carácter, existentes y que se creen en el futuro, públicas o privadas.[8]  

El interés por la conservación de los recursos naturales por medios de las áreas protegidas ha sido un proceso creciente que ha pasado de 9 áreas en 1980 a 70 en el 2000. Según se muestra en el cuadro siguiente, en el 2000 habían 31 parques nacionales, ocupando una extensión aproximada de 12,586.54 km2. 

Cuadro No. 2

Area de superficie ocupada por áreas protegidas en la República Dominicana (hasta finales de 1998), incluyendo proporciones aproximadas de las extensiones de áreas terrestres y marinas protegidas según categoría de manejo, y ofreciendo algunos indicadores de implementación de manejo

  

Según se  muestra en el cuadro anterior, el país cuenta con más de un 16% de su territorio sometido a algún tipo de protección. Si se tiene en cuenta que la mayor parte de estas áreas protegidas (más de 15%) está constituida por parques nacionales y reservas científicas, el número resulta entonces bastante significativo. Es importante destacar, sin embargo, que existe un conocimiento limitado de la verdadera riqueza biológica de las áreas protegidas del país. Todavía  se conoce muy poco de los recursos fitogenéticos autóctonos de la flora del país. Igualmente incompletos son los estudios sobre la cobertura boscosa y la riqueza de la  fauna nativa. Deficientes también resultan los estudios y la información sobre especies endémicas y amenazadas.[9]  Estas limitaciones en el conocimiento de la flora y fauna nacionales coloca a la sociedad dominicana ante el reto de llevar a cabo estudios amplios y profundos que suministren la información necesaria para el manejo sostenible de estos recursos.

 Un aspecto importante a destacar y lo cual se muestra también en el cuadro anterior, es el reducido número de las áreas protegidas del país que cuenta con planes de manejo. De las 40 áreas indicadas en el cuadro, solo 10 de ellas contaba en el 2000 con un plan de manejo y de éstas solo 4  estaban implementando dicho plan.[10] La mayoría de estas áreas no está acondicionada para recibir adecuadamente a visitantes. Por lo regular, carecen de infraestructura adecuada, de personal y otras comodidades que faciliten su uso sostenible. Esta situación determina que el turismo ecológico y alternativo en las áreas protegidas esté aún en un estadio incipiente en el país.[11] La consolidación del manejo sostenible de los recursos naturales existentes en las áreas protegidas sigue siendo un reto tanto para el Estado como para la sociedad civil del país.[12]    

4.      El Estado Actual de las Políticas de Medio Ambiente y Recursos Naturales

  En materia de medio ambiente y manejo de recursos naturales, el país ha carecido de  políticas definidas y coherentes. Hasta la fecha, la improvisación y las medidas coercitivas antojadizas y sin ningún criterio de sostenibilidad ha sido la norma que ha guiado por mucho tiempo las acciones en este campo. Según se establece en el informe de Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000, del PNUD, la orientación de la política ambiental en el país se ha caracterizado por una prolífica creación de decretos, leyes, resoluciones, normas, instituciones, comisiones, convenios, tratados y acuerdos, que ha tenido como resultado soluciones temporales que no abordan los problemas fundamentales con soluciones definitivas.[13]  

Ha faltado también un seguimiento y respaldo institucional sistemático a los convenios globales relacionados con la protección del medio ambiente y el manejo de los recursos naturales. Desde hace algunos años, no obstante, se nota una preocupación creciente por asumir los compromisos contraídos por el país al firmar y ratificar estos convenios internacionales[14]y al acometerse una serie de intervenciones orientadas a mejorar la calidad del medio ambiente. La creación de una Comisión de Seguimiento a los Acuerdos de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, el mismo año de la Cumbre, es una muestra del interés inicial que despertó en el país la problemática ambiental y la sostenibilidad del desarrollo.

  Asimismo, ha sido notoria la desvinculación entre las políticas de desarrollo económico y las acciones en torno al medio ambiente y el manejo de los recursos naturales.[15] Sin embargo, desde la administración del gobierno pasado se iniciaron esfuerzos por elaborar una política ambiental de mediano y largo plazo, que permeara todas las esferas y sectores de la realidad nacional, incluyendo el ámbito del desarrollo económico.  

En la actualidad, si bien no se ha puesto en marcha todavía una política nacional integral de medio ambiente y manejo de los recursos naturales, existe sin embargo un conjunto de acciones de los últimos gobiernos plasmadas en proyectos, programas, disposiciones, decretos ejecutivos, legislaciones, etc., que pueden servir de base para caracterizar la situación actual de las políticas y la legislación nacionales en este ámbito.

  Entre las más recientes de estas acciones están el Proyecto Capacidad 21 (ya finalizado), Proyecto de Políticas Nacionales de Medio Ambiente (también finalizado); la Política Social del Gobierno Dominicano, elaborada por el Gabinete Social de la Presidencia de la República; el Plan Nacional de Ordenamiento Territorial; la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00) y todas las leyes sectoriales en proceso de elaboración (Ley de Areas Protegidas, Ley de Aguas, Ley Forestal, etc); la Ley de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Ley 139-01). Adicionalmente, el país cuenta con una Ley de Salud, una Ley de Educación, las cuales, tocan a diferentes niveles la cuestión ambiental y los recursos naturales.  

Es evidente, sin embargo, la dispersión, los traslapes y la ausencia de coordinación entre las diferentes iniciativas ejecutadas y en proceso de ejecución, lo que habla de la necesidad de unificar criterios en pos de una política  de desarrollo integral que coloque realmente al país en las sendas del desarrollo sostenible. Esta política de desarrollo orientada a la sostenibilidad no estaría completa si no se pone en consonancia con una legislación ambiental también integral y coherente y, desde luego, en consonancia además con una voluntad política clara y definida, tanto hacia los compromisos nacionales como hacia los compromisos internacionales, contenidos en las convenciones y acuerdos globales firmados y ratificados por los organismos decisores. En este sentido, se requieren esfuerzos adicionales para que se complete la legislación ambiental del país, esto es, para que se elaboren con la participación democrática de todos los actores interesados de la sociedad, las leyes sectoriales y reglamentos de estas leyes indispensables para desarrollar a cabalidad la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00). Hasta que esto no se haga, el país seguirá manejándose a ciegas en muchos aspectos de la gestión medioambiental y de los recursos naturales. Es necesario, además, trabajar en la superación de los traslapes y duplicaciones presentes en la legislación ambiental vigente en el país.

En síntesis, los avances hacia la sostenibilidad ambiental demandan que los planes de desarrollo integren en términos de acciones y financiamiento las variables medioambientales, incluyendo los compromisos del respeto a las convenciones ambientales globales. Justamente, la Ley de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00) plantea en su capítulo 1 la necesidad de incorporar la dimensión ambiental a todos los planes de desarrollo nacional, regional y provincial del país. Este mandato legal se acompaña también de la obligación de que todas las instituciones públicas centralizadas, descentralizadas, autónomas y semiautónomas del Estado, así como los ayuntamientos, etc., incluyan en sus presupuestos las partidas correspondientes para la implementación de las variables ambientales de sus respectivos planes y acciones. [16]    

5.      El Marco Institucional y Legal  de la Cuestión Ambiental y del Manejo de los Recursos Naturales

La protección y conservación de las especies endémicas y de toda la diversidad biológica del país ha encontrado un sólido respaldo jurídico en la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales o Ley 64-00, promulgada en agosto del 2000. De acuerdo a esta Ley, se declara de alto interés nacional, la conservación de las especies de flora y fauna nativas y endémicas, el fomento de su reproducción y multiplicación, así como la preservación de los ecosistemas más naturales que sirven de hábitat a aquellas especies de flora y fauna nativas y endémicas cuya supervivencia dependa de los mismos, los cuales serán objeto de rigurosos mecanismos de protección in situ.[17]  

Hasta agosto del 2000, cuando se promulga la Ley 64-00, las cuestiones ambientales y el manejo de los recursos naturales estuvieron regidas por diversas instituciones, dispersas y sin ninguna o muy escasa coordinación entre ellas. Esta dispersión no favorecía el manejo eficiente y eficaz de los recursos naturales y de toda la problemática ambiental. Parte de los esfuerzos de la nueva ley, se orientaron a unificar a todas estas instituciones y dependencias bajo una sola dirección, que recayó en la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, creada por dicha Ley. Desde luego, sería iluso pensar que luego de tantos años de dispersión y falta de coordinación, una ley resolvería de golpe este problema. Lo que se advierte es, que el proceso de unificación avanza, pero no tal vez con la celeridad que la gravedad de la situación ambiental del país amerita. La dispersión, el traslape y la falta de coordinación entre las distintas instancias que ahora están bajo una sola dirección, si bien en menor medida, aun sigue existiendo y se requerirán esfuerzos sostenidos para poder superarlas totalmente. La creación de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales es una excelente oportunidad no solo para poner fin a la referida dispersión y al traslape que se daba entre las diferentes instancias del Estado, sino también, para poder diseñar e implementar políticas y estrategias de conservación y manejo de los recursos naturales coherentes y orientadas a la sostenibilidad del desarrollo a todos los niveles.

En el plano institucional es relevante también destacar, que antes de la creación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, ya existía en el país una amplia gama de organizaciones no gubernamentales, muchas de ellas verdaderas instituciones con larga experiencia en el manejo y ejecución de programas y proyectos medioambientales, así como en la conservación y defensa de los recursos naturales. Estas instituciones han venido haciendo aportes significativos por la conservación del  medio ambiente y la biodiversidad, siendo algunas de ellas responsables o co-responsables del manejo de algunas áreas protegidas públicas, como son, entre otros,  los casos de la Fundación Loma Quita Espuela, encargada de la administración de la Reserva Científica del mismo nombre, en la Cordillera Septentrional; Fundación Progressio, responsable de la administración de la Reserva Científica Ebano Verde, en la Cordillera Central, y; la Sociedad para el Desarrollo Integral del Nordeste (SODIN), encargada del co-manejo de la Reserva Científica Loma Guaconejo, también en la Cordillera Septentrional, sector del Nordeste.

Es importante destacar también, que la misma formulación de la Ley de Medio Ambiente y Recursos Naturales, contó con los esfuerzos y aportes del sector de la sociedad civil agrupado en las ONG ambientalistas. Con el surgimiento de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y al ir asumiendo ésta su papel rector de la cuestión ambiental pública, el sector de las ONG ambientalistas ha tenido que ir redefiniendo su rol y sus espacios de acción, en aras de no duplicar los esfuerzos del Gobierno, sino más bien de complementar y redimensionar estos esfuerzos.

  Al  igual que en el ámbito institucional, la Ley 64-00 ha creado las bases para terminar también con la dispersión en materia de legislación ambiental. Del mismo modo que en la parte institucional, en el ámbito legal también se advierte la misma inercia y la lentitud que caracterizan a estos procesos de institucionalización y re-ordenamiento jurídico. De nuevo, sin embargo, este re-ordenamiento legal ha creado las bases para darle coherencia y sistematicidad a los esfuerzos por la conservación y protección de los recursos naturales del país. Se debe tener presente, no obstante, que la Ley 64-00 es una ley marco, que debe ser complementada con las diferentes leyes sectoriales que se encargarán de normar la cuestión ambiental y el manejo de los recursos naturales en el plano específico y operativo, particularmente, en lo referente a los recursos hídricos, forestales, biodiversidad y áreas protegidas, etc.

6.      Principales Problemas Medioambientales del país

  A pesar de su gran diversidad y endemismo de especies, la República Dominicana encara una serie de problemas que ponen en entredicho la sostenibilidad de su  riqueza biológica y que plantean un serio reto no sólo al Estado sino a toda la sociedad. El uso indiscriminado y descontrolado de la tierra así como su cambio de uso,  la degradación de los bosques y las cuencas hidrográficas, la caza y la pesca indiscriminadas de muchas especies faunísticas, etc.,  amenazan la sustentabilidad tanto del presente como del futuro de la nación.  

En el recuadro siguiente se resumen los principales problemas ambientales que confronta el país así como las causas y consecuencias de los mismos.

 Recuadro No. 1

Los principales problemas ambientales del país

El medio ambiente y la base de recursos naturales de la República Dominicana están siendo utilizados y degradados sin garantías de sostenibilidad, mediante los siguientes procesos:

  • La degradación del capital de recursos naturales de las cuencas, incluyendo los recursos hídricos, los suelos y los recursos forestales, amenaza el potencial productivo, arriesgando el desarrollo futuro;
  • La destrucción y degradación de los ecosistemas naturales y su diversidad biológica, amenazan el patrimonio natural del país;
  • La contaminación del aire, del agua, de los suelos, la acumulación de desechos sólidos, y el ruido deterioran la calidad de vida y contribuyen a la degradación de los recursos.

Los factores causantes de estos procesos de degradación pueden clasificarse en tres grupos:

  • Actividades que conllevan un uso no sostenible de los recursos (sobreuso de recursos hídricos, erosión agrícola, deforestación, sobrepesca, extracción incontrolada, etc);
  • Cambios de uso del territorio que sustituyen los sistemas anteriores de aprovechamiento de recursos por razón de decisiones económicas (urbanización, industrialización, etc);
  • Prácticas que producen externalidades o sea costos ambientales impuestos por productores y consumidores de bienes, a otros usuarios y a la colectividad en general (contaminación del agua y sedimentación, contaminación del aire, ruido, desechos sólidos, etc).

Las consecuencias socio-económicas de la degradación de la base de recursos son múltiples:

  • El potencial productivo de los recursos se reduce, afectando las fuentes de ingresos de los sectores de la población que de ellos dependen, y amenazando la sostenibilidad de servicios básicos;
  • La calidad de vida se deteriora, la pobreza rural y marginación aumentan;
  • La degradación de los recursos y del medio ambiente tiende a crear situaciones donde el impacto de los factores naturales, como ciclones, tormentas, incendios se multiplican, determinando una mayor  vulnerabilidad a los desastres;
  • La competitividad de la economía nacional puede estar afectada a mediano plazo en sectores sensibles como el turismo y la agricultura. 

Fuente: Adaptado de: Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Proyecto de Reforma de las Políticas Nacionales de Medio Ambiente, febrero de 2002.

El deterioro ambiental expuesto es un serio obstáculo  para que una porción considerable de la población pueda continuar obteniendo sus ingresos por medio del uso tradicional de los recursos naturales de que dispone, produciéndose un fenómeno de abandono acelerado de los predios rurales y el éxodo final de amplios contingentes humanos a las ciudades. En las grandes urbes, este flujo migratorio representa una presión adicional y no planificada sobre los servicios, infraestructura y recursos disponibles que difícilmente puede ser soportada por mucho tiempo por la ya de por sí endeble organización urbana existente en el país.  En estas circunstancias, el deterioro de la calidad del medio ambiente, a la vez que es un resultado de una relación inadecuada de los humanos con dicho medio ambiente, se convierte en una causa directa la pobreza y del deterioro de la calidad de vida no sólo de la población presente sino también de las generaciones venideras.

 7.      Degradación del Bosque y Pérdida de biodiversidad

 La destrucción y fragmentación de los bosques es una de las principales causas de la desaparición y empobrecimiento de la diversidad biológica. A ello se asocian también las prácticas agrícolas basadas en la tala y quema, las nuevas tecnologías de cultivo de tierras secas, la degradación de las zonas marítimo terrestres, la caza y la pesca indiscriminadas, la destrucción de humedales, la degradación y contaminación de las fuentes de agua superficiales, etc.  

Esta situación, común en la mayoría de los países de la región latinoamericana, ha llevado a que en la actualidad, Brasil tenga unas 113 especies de aves en peligro de extinción. En tanto que Perú y Colombia tienen cada uno cerca de 64 especies de aves también en peligro de extinción. Una tercera parte de los vertebrados de Chile (excluyendo los peces marinos) están amenazados, mientras que Brasil tiene 71% de sus mamíferos amenazados y la Argentina más del 50% de sus mamíferos y aves.[18] 

Se sabe, que la pérdida de la biodiversidad repercute en el equilibrio ecológico, produciendo inestabilidad también en la seguridad alimentaria de los humanos. La pérdida de biodiversidad a la vez que es un efecto, se convierte en causa de más desaparición de especies y hábitats, en la medida agudiza los impactos de las actividades humanas en los ecosistemas que van quedando y con ello, exacerba también los impactos de los llamados desastres naturales.  

Es importante destacar, que la desaparición y empobrecimiento de la diversidad biológica y genética, además de romper el equilibrio ecológico, disminuye las posibilidades de autocontrol natural, de autorregulación en los casos de plagas, epidemias, etc. Vale decir, que el concepto de “plaga” actual es totalmente antropogénico y antropocéntrico, pues la naturaleza en sentido estricto no tiene plaga, al menos en la forma en que lo concebimos los humanos, sino múltiples formas de autocontrol y autorregulación. Lo que actualmente se denomina plaga es generalmente originado por el monocultivo, el uso indebido y desproporcionado de agroquímicos y la pérdida de la diversidad biológica.

 A todo esto hay que agregar el riesgo de los elementos vivos creados por el ser humano. Se trata de los llamados productos y “especies” transgénicos, de cuya evolución se sabe aún muy poco. Esto se convierte en un factor adicional de riesgo y posiblemente de desastres de magnitud y consecuencias totalmente inéditas. No se sabe cómo se van a comportar estos productos o seres vivos transgénicos al encontrarse en el medio natural, ni cómo la naturaleza y sus especies van a reaccionar ante estos elementos artificiales que se cuelan en sus cadenas tróficas, genéticas y en otros ciclos vitales.  En la República Dominicana, como ya se expuso, a la par que existe una gran diversidad biológica y endemismo, existen también agudos problemas socioeconómicos y ambientales que ponen en entredicho la sostenibilidad de esta riqueza biológica y plantean un serio reto tanto al Estado como a la sociedad civil. Si bien cerca de un 16.5 del territorio nacional se encuentra actualmente bajo algún tipo de protección,[19] el ritmo de deforestación entre 1980 y 1990 fue de aproximadamente 25,000 hectáreas por año.[20] Debido a la deforestación indiscriminada, en las últimas siete décadas del siglo pasado, se perdió aproximadamente el 60% de todos los bosques del país, quedando a principios de la década de los noventa, solamente 14% de cobertura boscosa en todo el territorio nacional.[21]  

A comienzos del siglo pasado, el país poseía todavía un 85% de su territorio cubierto de bosque, pero para 1940, este porcentaje se había reducido a 70%. Para 1973, quedaban solamente 1.1 millones de hectáreas de bosques, equivalentes a un 23% y ya en 1986 quedaban solo 0.5 millones de hectáreas de bosque, para un 10.1% de toda la superficie nacional. A finales de la década de los 80 en el país quedaban unos 13,266 km2 de cobertura boscosa, para un 27.5%.[22]

Esta misma cifra la ofrecen Tolentino & Peña en un artículo publicado en 1998. Según estos autores, “las comunidades vegetales definidas como bosques, que incluyen desde las coníferas, bosques nublados, húmedos, simihúmedos y secos, hasta los manglares, ocupan el segundo lugar en superficie con 13,266.68 km2, representando el 27.52% del área total del país”.[23]  

Si bien el ritmo de deforestación parece haberse reducido a partir de los años 90, debido a lo inaccesible de muchas de las áreas forestales remanentes, a la creación de nuevas áreas protegidas y al éxodo rural acelerado en muchas regiones, el patrimonio forestal del país queda hoy día reducido a 13,000 km2, o sea 27% del territorio nacional, con cerca del 70% de bosque denso incluido en el Sistema Nacional de Areas Protegidas. Fuera del Sistema, existirían unos 5,500 km2 de áreas de bosque con cierto potencial productivo.[24]

 Cuadro No. 3.

Distribución de los  bosques nativos dentro y fuera de las áreas protegidas

Tipo de bosques

Área Protegida en Km2

Área Protegida en Km2

Fuera de Área Protegida en Km2

% Fuera de área Protegida

Total Nacional en Km2

Bosque de coníferas

1,769.49

58.5

1,255.51

41.5

3,025.14

Bosque latifoliado húmedo

1,580.67

30.4

3,620.73

69.6

5,201.4

Bosque latifoliado nublado

716.3

64.8

388.57

35.2

1,104.87

Bosque seco

703.8

19.1

2,973.59

80.9

3,677.39

Total

4,770.26

 

8,238.40

 

13,008.66

Fuente: Reproducido de: Abt, Diagnóstico Ambiental. Proyecto de Reforma de las Políticas Nacionales de Medio Ambiente, Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, febrero de 2002

De acuerdo a otra fuente, el comportamiento del proceso de desaparición del bosque dominicano se dio según se esboza en el cuadro siguiente:

 Cuadro No. 4.

Estimaciones de Cobertura boscosa en la República Dominicana

AÑO

ESTUDIO (AUTOR)

SUPERFICIE BOSCOSA (KM2)

COBERTURA NACIONAL (%)

1909

Karl W. Woodward

            40,000

           85.0

1922

William D. Durland

            36,320

           75.0

1940

Carlos E. Chardon

            34,000

           69.0

1967

FORESTA

            5,570

           11.14

1971

FAO

           10,966

           22.0

1981

AID

            6,640

           14.1

1986

FAO

            5,000

           10.0

1998

SUREÑA

          13,266

           27.5

Fuente: Martínez, E. (1990). Los Bosques Dominicanos, SURENA, 1998

 

Son evidentes los desacuerdos entre los autores que han realizado estudios sobre la cobertura boscosa en el país en los últimos años, lo cual, se debe probablemente a las diferencias en las metodologías empleadas y de los criterios de cada autor en torno a qué considerar bosque. Adicionalmente, esto plantea la necesidad de unificar criterios metodológicos y técnicos para aproximarse los más objetivamente posible a la realidad cuantitativa y cualitativa del bosque dominicano y su biodiversidad. Sin embargo, a pesar de las diferencias y probables inexactitudes de los estudios referidos, lo cierto es que durante el siglo pasado hubo un proceso acelerado de destrucción de los bosques del país y que, el mismo ha provocado ya la extinción de diversas especies nativas de mamíferos, aves y reptiles, en tanto que un número adicional de especies de plantas y animales nativos se considera amenazado o en peligro de extinción.[25]

 Además de la pérdida de importantes poblaciones de flora y fauna, los impactos de la pérdida de la cobertura boscosa se expresan también, en la alteración de los ciclos hidrológicos, erosión de suelos, aumento de plagas y enfermedades, así como en un déficit en la producción agropecuaria del país.[26]

En gran parte del país, la forma de desmonte tradicional ha sido total e indiscriminada. Este desmonte ha significado un cambio radical en el uso de la tierra, sustituyendo los bosques por otros usos, como la agricultura y la ganadería extensivas. Esta práctica ha sido la forma más generalizada de sustituir las tres cuartas partes de las masas boscosas que originalmente poseía el territorio nacional.[27]

 Como consecuencia directa de la pérdida de la cobertura boscosa, en el país se tienen  graves problemas de erosión de suelos[28], así como terrenos improductivos en las laderas de las montañas, sedimentación en las presas hidroeléctricas, disminución en el caudal de los ríos y un incremento en la vulnerabilidad ante los desastres “naturales”. Adicionalmente, existen áreas en proceso de salinización, como consecuencia de la escasez de lluvias y de un manejo inadecuado de la irrigación de tierras, principalmente en las zonas arroceras.[29]

 Las causas de la vertiginosa destrucción de los bosques radica en el cambio de uso de la tierra que se da a través de la agricultura migratoria de tumba y quema y del uso de la cobertura boscosa para la producción de leña y carbón. Otra causa de este deterioro radica asimismo, en la ganadería extensiva, los incendios forestales, cortes clandestinos de madera, conflictos en la tenencia de la tierra y aumento de la población, entre otras.[30]

Recuadro No. 2

Resumen de las principales causas de la degradación de los bosques y pérdida de la biodiversidad

Las causas más relevantes de la desaparición de la cobertura forestal en la República Dominicana se sintetizan en los siguientes factores, la mayoría de ellos recurrentes:

 

  • Extracción de maderas preciosas desde el siglo XIX, lo que ha provocado un fenómeno masivo de deforestación que continua, aunque en menor escala, hasta la fecha
  •  Las prácticas agrícolas de tumba y quema, usadas como principal sistema de producción en las áreas marginales del país y en vigencia todavía en algunas áreas del país.
  •   La ganadería extensiva, una forma de uso del suelo que ha sustituido de forma permanente la cobertura boscosa en la mayor parte del país.
  • La extracción de productos forestales como leña, carbón, resina, cuaba, etc, así como el pastoreo libre y ramoneo de animales, usados como fuentes de ingresos y medios de vida importantes para los sectores más pobres de la población rural, ha sido también una de las causas más relevantes de la degradación de los bosques y la diversidad biológica del país.
  • La desaparición paulatina de cultivos agroforestales tradicionales como el café y  el cacao, provocada por las condiciones adversas de los mercados internacionales persistente durante muchos años, ha conducido también a la pérdida de la cobertura arborea y a la desaparición de importantes ecosistemas dependientes de estos cultivos perennes.
  • Los incendios forestales que se repiten regularmente en las áreas de bosques de pino por razones naturales, por descuidos humanos o por manos criminales, contribuyen a la degradación de los bosques y a la pérdida de biodiversidad.
  • La construcción de infraestructuras de comunicación en las áreas de laderas tiene un impacto inmediato en la pérdida de la cobertura forestal y en la erosión de suelos y derrumbes.
  • Otra causa importante de la degradación de los bosques y desaparición de hábitats lo constituye la construcción de infraestructuras productivas como minería, represas hidroeléctricas, complejos turísticos e industriales, y la expansión de las áreas urbanas.
  • Finalmente, la extracción no regulada de materiales en los cauces y orillas de los ríos provoca también la destrucción de las franjas boscosas de protección y la consecuente pérdida de la biodiversidad.

 

Fuente: Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Diagnóstico Ambiental. Proyecto de Reforma de las Políticas Nacionales de Medio Ambiente febrero de 2002.

  A la pérdida del bosque y la biodiversidad, hay que agregar la degradación ambiental provocada por una acelerada e insustentable industrialización y urbanización. En el país hay un alto grado de contaminación ambiental, y si bien no se tienen a la fecha datos precisos, “se estima que una gran cantidad de nuestros ríos y playas están fuertemente contaminados y en proceso de deterioro progresivo, debido al mal manejo de los desechos”.[31] De acuerdo al Informe de Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000, del PNUD, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas usadas para el consumo humano por los dominicanos, se considera el problema más serio de contaminación en el país.[32]

 Para detener el acelerado proceso de degradación de los recursos naturales descrito, se necesita cambiar el patrón que ha predominado en el manejo y explotación de dichos recursos. Fue esta necesidad de cambio la que llevó precisamente a la formulación y ejecución del Proyecto de Reforma de las Políticas Nacionales de Medio Ambiente durante la Administración del Estado pasada y finalizado en la actual gestión. Pero, cambiar la orientación de las políticas nacionales de medio ambiente con miras al desarrollo sostenible implica, de hecho, un reordenamiento de las políticas de desarrollo socioeconómico del país, cuestión esta que no parece estar clara en la cabeza de muchos de los que están a cargo de la administración del Estado. Se requiere pasar del inmediatismo economicista a una política basada en el equilibrio entre las necesidades y aspiraciones de corto, mediano y de largo plazo de la población.

 8.      Uso Actual y Capacidad de Uso de la Tierra

 Estudios sobre la capacidad de uso de la tierra indican que aproximadamente un 12.6% de los suelos del país son aptos para la producción agrícola, se trata de suelos de las llamadas clases I-III. En tanto, cerca del 55% de la tierra, perteneciente a las clases VII-VIII, son aptas solamente para bosques y protección de la vida silvestre.[33]

  

Cuadro No. 5

Clasificación de la Capacidad de Uso de la Tierra (Sistema USDA) para la República Dominicana 

  

Como se advierte sin dificultad en el cuadro anterior, aproximadamente un 67% de las tierras del país corresponden a las clases VI a VIII, lo que significa que su vocación es estrictamente forestal, de protección y conservación de la biodiversidad. Estos datos, a la vez que echan por tierra la muy divulgada y pretendida vocación agrícola del país, obligan a prestar especial atención al establecimiento de un cuidadoso régimen de ordenamiento del territorio de acuerdo a su capacidad y a la introducción de regímenes de manejo que permitan un uso sostenible de los suelos y demás recursos naturales.  

A pesar de que esta clasificación de la capacidad de uso de la tierra data de finales de los años sesenta, muy poco o nada se ha hecho para llevar a cabo tal ordenamiento. En 1990, un estudio estableció que de las 4,844,200 hectáreas de superficie existentes en el país, cerca de 29,600 hectáreas  estaban dedicadas a zonas urbanas y carreteras, en tanto que 2.6 millones de hectáreas estaban dedicadas a uso agropecuario (1.4 millones a la agricultura y 1.2 millones a pastizales)[34], equivalente a cerca de 55% de ese total. Al comparar estos datos de uso actual con los de capacidad de uso expuestos más arriba, se ponen de manifiesto los serios conflictos de uso de la tierra existentes en el país. Estos conflictos de uso explican en gran medida fenómenos como la erosión de suelos,[35] la sedimentación de las fuentes de agua superficiales, la deforestación y pérdida de biodiversidad, la desertificación, etc.[36]

 El último censo agropecuario realizado en 1992 muestra una importante dinámica en la utilización de la superficie bajo explotación, que se expresa en ciertas variaciones en el uso de la tierra con respecto al censo anterior de 1982. Por ejemplo, las áreas de cultivos temporeros y permanentes se incrementaron en un 27.7%, a expensas de una reducción de las áreas en descanso y las clasificadas como montes, bosques y otras tierras. La disminución de las áreas con pastos es pequeña (2%), sin embargo, la superficie con pastos cultivados disminuyó del 31.2% al 22.4%.

Pero no solo los conflictos de uso y capacidad de uso de la tierra dificultan el manejo sostenible de los recursos naturales, sino que también lo dificultan los conflictos de tenencia. Estos conflictos de tenencia son particularmente agudos en las zonas de amortiguamiento de la mayoría de los parques nacionales y otras áreas protegidas del país.   En la Cordillera Septentrional y especialmente entre las áreas protegidas Vedado Diego de Ocampo y Reserva Científica Loma Quita Espuela hay varios asentamientos campesinos del IAD cuyos terrenos aún permanecen sin títulos definitivos.  Una situación similar existe tanto dentro como fuera de la Reserva Científica Valle Nuevo, en la Cordillera Central, la misma situación se repite el Parque Nacional Los Haitises y en las áreas protegidas de la zona fronteriza. Esta situación crea incertidumbre entre los concesionarios de  tierras del Estado, particularmente cuando se habla de actividades de ordenamiento territorial y conservación de recursos naturales.

 Los conflictos en torno a la tenencia de la tierra constituyen una fuente de desgaste para cualquier proyecto productivo o de conservación y manejo sostenible de los recursos naturales, por lo que su solución tiene que estar en el centro de los problemas a resolver prioritariamente. Esta situación de conflicto en torno al uso y tenencia de la tierra plantea la urgencia de un programa de ordenamiento legal de la tenencia y uso de la tierra en el ámbito nacional como paso previo a cualquier intento de ordenamiento territorial y manejo sostenible de los recursos naturales.

9.      El Estado de las Aguas

Según el Banco Mundial, en Centroamérica, cerca del 70% de la población tenía en 1995 acceso a la red pública de distribución de agua potable, sin embargo, en todo el continente latinoamericano, solo un 2% de las aguas servidas recibe algún tratamiento.[37] Aquí ya se tiene un elevado factor de riesgo de potenciales desastres, pues según se ha establecido, la principal causa de la contaminación de las aguas es la descarga directa de los desechos domésticos e industriales sin ningún tratamiento a la superficie de los cuerpos de agua, lo cual contamina no solo estos cuerpos de agua, sino también los acuíferos adyacentes.[38]  

La sedimentación producida por la erosión y las descargas domésticas, los desechos agroquímicos e industriales, se reportan también como principales causas del deterioro de la calidad de las aguas.[39]  

Otro factor es la salinización proveniente de la irrigación de terrenos. En el continente, el área irrigada es de 697,000 km2, lo que corresponde a un 3.4% del territorio de la región.[40]

 La situación de la República Dominicana no es muy distinta de la descrita para Centroamérica. La población total del país con acceso a agua potable aumentó de 55% en el periodo de 1975-80 a un 65% en 1995-96, de este porcentaje, solo el área urbana recibió cerca de un 80%.[41]Al igual que en el resto del continente, en la Republica Dominicana se repite la misma paradoja, las zonas productoras de agua están en el área rural, a veces en las tierras de los propios pobladores locales, sin embargo, es la población rural la menos favorecida de la cercanía de las fuentes de agua. Muchas veces, reciben las aguas de peor calidad y las menos aptas para el consumo humano.

En general, la situación con respecto a la calidad de las aguas es realmente crítica. En el país hay un alto grado de contaminación de los cuerpos de agua superficiales y subterráneas y si bien no se tienen a la fecha datos precisos, según una fuente de la propia Presidencia de la República, “se estima que una gran cantidad de nuestros ríos y playas están fuertemente contaminados y en proceso de deterioro progresivo, debido al mal manejo de los desechos”.[42] De acuerdo al Informe de Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000, del PNUD, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas usadas para el consumo humano por los dominicanos, se considera el problema más serio de contaminación en el país.[43]

 Una nueva Ley de Aguas cursa en el Congreso Nacional desde hace mas de un ano, sin embargo, este organismo no ha sido capaz de aprobarla y dar paso así a las necesarias transformaciones que requiere este sector.

 10.  Conclusión

Como se expuso a lo largo del trabajo, la República Dominicana confronta una aguda crisis de gestión del medio ambiente y su sus recursos naturales. Serios problemas de deforestación, erosión de suelos, pérdidad de biodiversidad, cambios en los ritmos de precipitaciones, degradación de acuíferos y cuencas hidrográficas, contaminación ambiental, etc, amenazan la sobrevivencia de las presentes y futuras generaciones.  

Se trata de una crisis de sostenibilidad económica, social y ambiental que amerita cambios sustanciales en el modo como se ha estado manejando la cuestión ambiental. Cambios que conduzcan a una gestión responsable de la relación del ser humano con la naturaleza y sus sistemas de soporte vital. Cambios que conduzcan a un balance en la distribución y redistribución de la riqueza social de modo que se puedan superar los niveles de pobreza que se revierten en causa de más degradación del medio ambiente. Cambios que produzcan a una mayor conciencia en torno a la necesidad de conservar el medio ambiente y todos sus sistemas vitales. Cambios hacia un desarrollo para sostener la vida en todas sus formas y manifestaciones. Cambios para la consecución de un mundo más feliz y equilibrado, con equidad social y de género. Cambios, en fin, hacia un desarrollo económico dentro de los límites de la naturaleza y la capacidad regenerativa de sus ecosistemas.


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[1] . ver: Luís Tolentino y María Peña. Inventario de la Vegetación y Uso de la Tierra en la República Dominicana. Moscosoa 10, 1988, pp. 179-203. José Alberto Ottenwalder. “A Summary of Conservation Trends in the Dominican Republic”. Biogeography of the West Indies, 1989:845-850; Johannes Hager & Thomas A. Zanoni,  “La Vegetación Natural de la República Dominicana: Una Nueva Clasificación. Moscosoa 7, 1993, pp. 39-81;  La Diversidad Biológica en la República Dominicana. Reporte preparado con apoyo del Servicio Alemán (DED) y el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF-US). SEA/DVS, Santo Domingo, República Dominicana, 1990.

[2] .Ver: Grupo Jaragua, Inc., 1994. Una Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad de la República Dominicana 1994-2003, Santo Domingo, República Dominicana; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000. Editora Corripio, Santo Domingo, junio del 2000.

[3] .Ibidem.

[4] .Ver: Grupo Jaragua, Inc., 1994. Una Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad de la República Dominicana 1994-2003, Santo Domingo, República Dominicana; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000. Editora Corripio, Santo Domingo, junio del 2000; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000; Rafael Emilio Yunén,  “Medio Ambiente en Haití y la República Dominicana”. En, Silié, Rubén, Inoa, Orlando y Antonin, Arnold. La República Dominicana y Haití Frente al Futuro. Ediciones FLACSO-Programa República Dominicana, Santo Domingo, 1998.

[5] . Ver: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000; Rafael Emilio Yunén,  “Medio Ambiente en Haití y la República Dominicana”. En, Silié, Rubén, Inoa, Orlando y Antonin, Arnold. La República Dominicana y Haití Frente al Futuro. Ediciones FLACSO-Programa República Dominicana, Santo Domingo, 1998.

[6] . Grupo Jaragua, Inc., 1994. Una Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad de la República Dominicana 1994-2003, Santo Domingo, República Dominicana.

[7] .Conservation International. Hotspots de Biodiversidad.

[8] .Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (64-00), Publicación Oficial, Ed. Buho, Santo Domingo, República Dominicana, 2000.

[9] . Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000

[10] .Ibidem

[11] .USAID. Dominican Republica, Environmental Assessment. Environmental Policy and Institutional Strngthening, 2002

[12] . Ibidem

 

[13] .Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000.

[14] . Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000. Editor Corripio, Santo Domingo, Rep. Dominicana, 2000.

[15] .Ibídem

[16] .Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00), Publicación Oficial, Santo Domingo, República Dominicana, agosto de 2000.

[17] .Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (64-00), publicación oficial, Santo Domingo, República Dominicana, 2000, p. 82.

[18] . UNEP. GEO-2000. Global Environmental Outlook. Chapter two. The State of the Environment. Latin America and the Caribbean

[19] .Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Desarrollo Humano en la República Dominicana, 2000.

[20] . . Rafael Emilio Yunén,  “Medio Ambiente en Haití y la República Dominicana”. En, Silié, Rubén, Inoa, Orlando y Antonin, Arnold. La República Dominicana y Haití Frente al Futuro. Ediciones FLACSO-P