jueves, 11 de marzo de 2010
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La creación literaria en español ha roto las fronteras
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(Santo Domingo, 25 de junio de 2009).- El poeta español Jorge Urrutia dio inicio a las tertulias Café Literario, de la Biblioteca Juan Bosch, con un conversatorio en el que enfatizó el hecho de que en la actualidad no se puede hablar de una literatura española, sino de una literatura única, que tiene como común denominar la lengua española como medio de expresión.

Con el presidente honorario de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), doctor Leonel Fernández, entre los contertulios, Urrutia se refirió a las “Tendencias de la literatura española contemporánea”, tema con el que introdujo el intercambio.

Para el crítico literario, ensayista y traductor ibérico, en el análisis del discurrir de la literatura española, cuando se habla de la actualidad no se puede hablar como se habla de la nacionalidad, porque las fronteras ya no existen entre los creadores literarios hispanohablantes. “La novela española es la que se escribe en español”, afirmó.

Entiende el escritor que un autor mexicano o caribeño de habla española no parte de lo que se hace en una región en particular porque esos límites no existen. Más aún, subraya el hecho de que en Barcelona y Madrid es más fácil encontrar las publicaciones latinoamericanas de América del Sur u otras regiones que hacerlo en otras ciudades latinoamericanas.

Urrutia destacó el papel que juega en la actualidad la televisión, específicamente las grandes cadenas de difusión de noticias y también las telenovelas, en la unificación de la lengua española, debido al interés que tienen los medios en llegar a un público más numeroso con términos y expresiones que sean comunes y por tanto comprensibles para todos.

Antes de puntualizar la ruptura de fronteras que ha supuesto la globalización en la actualidad para la literatura, se refirió a los cambios que vivió la literatura de los autores españoles desde la era franquista.

El filologo ponderó el aporte que supuso para la producción literaria la censura que emanaba de la dictadura. El hecho, explicó, imponía la utilización de múltiples recursos que permitieran expresar ideas, a través de la escritura o las imágenes, en un ejercicio que retaba la imaginación.

Lo que vino después, cuando se podía decir lo que se quisiera, como se quisiera, provocó en opinión de Urrutia un cambio que no valora como positivo. “A veces se escribe mejor con la censura”, afirmó, para resaltar lo enriquecedor que resulta recurrir a metáforas para expresar un concepto.

Echa de menos también el autor el compromiso que tenían los escritores de la dictadura con el entorno social en el que vivían.

Mario Arvelo, del Centro de Estudios de la Cultura de FUNGLODE, introdujo la tertulia, con la invitación a formar parte de ella, con la meta que le ha dado origen: fomentar la reflexión y el debate sobre el quehacer literario y creativo en general.

Luego Aida Montero, directora de la Biblioteca Juan Bosch presentó a Urrutia, quien compartió durante más de dos horas en un intercambio generado por preguntas de un público conformado por escritores y lectores voraces, como el presidente Fernández.

Urrutia, doctor en Filología Románica, con Premio Extraordinario en 1972 por la Universidad Complutense de Madrid, dio inicio a la cita mensual que ha organizado la nueva Biblioteca Juan Bosch con la erudición que lo ha convertido en referente de la crítica literaria española.

El poeta ha sido director académico del Instituto Cervantes, catedrático de Literatura y Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid; de Literatura Española en las Universidades de Sevilla y Extremadura, la Universidad Complutense, y Lector en la de Estrasburgo. Profesor visitante en las Universidades de Paris VIII, Palermo, Bourgogne y la Northwestern University.

También es autor de numerosos ensayos sobre literatura, teatro, cine y semiótica. Ha editado obras de Ramón del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Camilo José Cela y José Hierro, entre otros. Como traductor de Paul Éluard, obtuvo el "Premio Nacional de Traducciones" en 1972.

Se destacan entre sus obras, El grado fiero de la escritura en 1966, Del estado, evolución y permanencia del ánimo en 1969, Delimitaciones en 1985, La travesía en 1987, Invención del enigma en 1991, Cabeza de lobo para un pasavante en 1996, Una pronunciación desconocida en 2001 y El mar o la impostura, "Premio Jaime Gil de Biedma" 2004.

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