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(Santo Domingo, 24 de febrero de 2009).- Celestino del Arenal, Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, explicó en una conferencia dictada en la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) esta misma noche, algunas realidades vinculadas con lo que él llama la nueva sociedad global.
A modo de esquema, en su charla “La sociedad global y las nuevas relaciones internacionales”, dictada en el auditorio de FUNGLODE y organizada a través de su Centro de Estudios de Relaciones Internacionales, el especialista español mostró un panorama en el que los Estados dan muestras de debilitamiento, emergen nuevos actores con dosis importantes de poder, y existe una humanización de las relaciones internacionales en un mundo que se está destacando por la unimultipolaridad marcada por una potencia militar que, sin embargo, necesita de otras potencias para todo aquello que no está vinculado con unos conflictos armados en los que el sector privado juega un importante papel ampliado a la seguridad ciudadana.
A continuación, algunos de los planteamientos hechos por el catedrático Del Arenal en su intervención, divididos en temas:
Procesos de cambio
Estamos viviendo momentos de cambio y transformación en el mundo muy importantes. En los últimos tiempos, principios del XXI, asistimos a tres importantísimos procesos de cambio que sientan las bases de una nueva sociedad.
Primero: una sociedad internacional en la que los actores transnacionales, subestatales y los individuos tienen un protagonismo y poder creciente. Esto es consecuencia directa de la globalización y de la urbanización.
Segundo: de una sociedad internacional en la que las relaciones no tenían un alcance universal y estaban condicionadas por tiempo y espacio a una en la que las relaciones han superado el tiempo y el espacio como elementos condicionantes de la actividad humana. Estamos ante una sociedad internacional en la que el tiempo y el espacio no son obstáculos para la integración de todo tipo. Y surgen nuevas pautas de comportamiento, de distribución del poder, de nuevos conflictos…
Tercero: a partir de 1989, con el derrumbamiento del bloque comunista y el final de la bipolaridad se está formando un sistema diferente, nuevo en la diplomacia, que es un sistema unimultipolar. Existe una superpotencia, Estados Unidos, pero también en otras facetas existen otras potencias.
Estos tres procesos de cambio han sido casi paralelos y tienen una íntima relación, lo que ha provocado un cambio radical de la sociedad internacional y tenemos un nuevo modelo. En la base del proceso de cambio está la globalización, y que es un proceso complejo de creciente interdependencia, de instantaneidad en diferentes ámbitos. Los patrones tradicionales de organización social, económica, en los conceptos de territorialidad, etc.
Ubicuidad e instantaneidad
Aparecen dos nociones nuevas e importantes: ubicuidad e instantaneidad. La segunda hace referencia a la superación del tiempo en la toma de decisiones y sus efectos en otros lugares al que se toma la decisión. Pero implica la ubicuidad porque un actor se puede presentar virtualmente en varios puntos del planeta.
La globalización, en última instancia, está provocando una desterritorialización y de reterritorialización. Se produce un auge de movimientos de alto sentido identitario y traen como consecuencia un nuevo tipo de fronteras o límites que tienen a restar protagonismo a las fronteras estatales tradicionales.
En definitiva, como consecuencia de los procesos de cambio y de la globalización se han desarrollado nuevas realidades internacionales que hay que tomar en consideración si queremos realmente interpretar lo que es la sociedad global en la que estamos inmersos.
Unimultipolaridad
Primera nueva realidad. La aparición de una única superpotencia militar. Este hecho marca profundamente el funcionamiento de la sociedad global y del sistema político-diplomático. Y se rompe el equilibrio de poder que se tenía durante cuatro siglos. Deja sin sentido el juego de la disuasión nuclear que había dotado de una relativa estabilidad al país. Y la superpotencia queda marcada por una hegemonía, como hemos visto con Bush.
Ahora, hablamos de un sistema multipolar también, porque la superpotencia necesita del apoyo de otros estados para llevar a delante con éxito sus políticas, de cualquier tipo. La superpotencia depende de otros actores y estados para el funcionamiento de la sociedad global.
Ahora bien, la superpotencia, por tendencia natural, tiende a afirmar su hegemonía sobre el conjunto, que ocurre con George Bush Padre, con Clinton y con Bush hijo, cada uno a su manera. El tercero puso en marcha una hegemonía nada benévola, con intervencionismo. Y Obama también lo hará, aunque con tendencia benévola según parece.
En este escenario cambiante, más allá de las llamadas potencias emergentes y su protagonismo, sólo hay una gran potencia capaz de competir con Estados de igual a igual: China, en unos 20 ó 30 años, que puede llevar a un nuevo equilibrio de poder, probablemente bipolar.
Estado internacionalmente débil
Segunda realidad a la que quiero referirme: el debilitamiento del Estado en las relaciones internacionales. El Estado ha jugado un papel destacado como máxima autoridad. Aunque sigue siendo un actor importante, su exclusivismo anterior se ha visto profundamente debilitado frente a los actores transnacionales, subestatales o individuos.
Los dos atributos intocables del Estado que lo hacían diferente -territorialidad y monopolio en el uso legítimo de la violencia- se han visto afectados. La territorialidad está siendo afectada porque se está desnacionalizando. Resulta que los procesos globales se materializan en territorios nacionales escapando al control de los gobiernos.
Lo mismo sucede con el otro elemento: el monopolio del uso legítimo de la violencia. Se está quebrando de facto como consecuencia del surgimiento de actores de todo tipo a costa del Estado. Grupos terroristas, carteles del narcotráfico, etc, le quitan al Estado el uso de la fuerza en su propio territorio. Ahí están Afganistán o Somalia. Y así, asistimos a un proceso de privatización del conflicto armado, con características muy propias y diferentes a las habituales.
Este monopolio se ve afectado por las políticas de privatización puestas en marcha en materia de seguridad y defensa. La seguridad ciudadana se delega en empresas de seguridad privada y sustituyen al Estado en lo que había sido una de sus funciones esenciales. En el Reino Unido y Estados Unidos, el número de trabajadores en este renglón sobrepasa al número de las fuerzas armadas. En España sobrepasa al número de agentes de la Policía Nacional. Pero esto también ocurre a nivel internacional.
En la práctica asistimos, sin un reconocimiento formal del hecho, a una progresiva privatización de la guerra. No me refiero a los mercenarios, sino a que hoy día ciertos Estados en determinados conflictos armados confían a empresas militares privadas funciones militares. La guerra empieza a ser un negocio para ciertas empresas y compañías. El caso más llamativo está en Irak: 160,000 efectivos privados frente a unos 150,000 efectivos estatales. Más privados que del Estado.
El Estado y su futuro
Estos y otros aspectos nos llevan a pensar sobre la desaparición del Estado. No se ve en el horizonte a priori, pero eso no quiere decir que no vaya a desaparecer para dejar paso a otra forma de organización política. No parece que ni a corto ni a medio plazo ocurra.
Lo más probable es que el Estado evolucione adaptado a las nuevas realidades que caracterizan a la sociedad global, perdiendo atributos soberanos y protagonismos. El asunto está en saber si esa evolución del Estado continuará por la línea de ser un instrumento de intervención o si recuperará el papel mediador entre los actores, entre el mercado y la sociedad.
Nuevos actores de la sociedad global
Los nuevos actores transnacionales, subestatales o individuos han adquirido un desarrollo y protagonismo importantes fruto de la globalización, pero también del proceso de humanización que llevan las relaciones internacionales. Y también tiene mucho que ver con los cambios producidos en la distribución del poder en la sociedad global y en las formas de ejercerlo. El territorio pierde valor como base para el poder.
Hoy, por lo tanto, la sociedad internacional no se puede entender si no se toman en cuenta actores no estatales. Hay un sinfín de ellos y marcan las principales dinámicas y estructuras de la sociedad global.
El poder
En la actualidad hay cambios en la naturaleza y la distribución del poder. Los procesos de creciente interdependencia entre actores y Estados y procesos de globalización constituyen nuevos espacios.
La realidad de nuestro mundo nos presenta nuevas formas de ejercer el poder. Se expresa cada vez menos en términos militares y más en términos económicos, sociales, religiosos, científicos, etc. Se ejerce con nuevas formas y con nuevos actores.
El poder se ha vuelto muy intangible, menos costoso de ejercer. Se habla de poder estructural, o blando. Pero si se ejerce de forma diferente en el mundo global, también se distribuye de manera diferente, cada vez más entre actores transnacionales y subestatales. En un sistema global, las relaciones de poder se amplían de manera espectacular porque ya no necesitan de la proximidad espacial ni tiempo. Así se reestructuran las relaciones de poder en la distancia y se amplia así la forma de ejercerlo.
También se materializa en dimensiones diferentes. Se hace más multidimensional, el poder, a través del control de redes y nudos esenciales en cuanto que son sistemas globales de comunicación e información.
Nuevos tipos de conflicto armado
Con el final de la guerra fría se ha pasado a patrones de relaciones militarse más regionales. Pero, igualmente, se ha incrementado el riesgo nuclear y de uso de armas de destrucción masiva.
También aparecen niveles interdependientes entre ciertos países, lo que dificulta el planteamiento de enfrentamiento militar. Observamos cómo, en un extremo, la globalización genera comunidades de seguridad en las que desaparece la guerra. Cuanta mayor interdependencia, menor posibilidad de enfrentamiento armado. Lo usarán con otros, pero no entre ellos. Por ejemplo, en la Europa de hoy en día.
Los nuevos conflictos tienen naturaleza económica, social o cultural. Se concretan en las guerras de baja y media intensidad, pero de muy larga duración. No se desarrollan con grandes batallas. En ellas participan crecientemente actores transnacionales y subestatales, las empresas de la guerra y de armamento, que han hecho de esto un auténtico negocio. Muchas vece son conflictos relacionados con organizaciones criminales. Las víctimas civiles representan el 80% de las totales. La guerra, en muchos casos, se ha transformado en una forma de vida para determinados actores implicados en ella.
La seguridad.
El concepto de la seguridad ha evolucionado como consecuencia de los retos, amenazas y riesgos para la seguridad de los Estados. Cada vez más, la seguridad nacional se plantea en términos globales y menos en términos territoriales y militares.
Cada vez es un asunto más multidimensional, porque abarca lo político, lo económico, social, cultural, religioso, técnico, informativo, comunicativo, etc. Y se plantea en términos multidireccionales, porque las amenazas proceden de muchos actores subestatales y transnacionales. Esto es consecuencia directa del debilitamiento del Estado y del cambio en la forma de ejercer el poder y en cómo se distribuye. La vulnerabilidad es global y esto plantea nuevas políticas de seguridad.
En la búsqueda de soluciones para la inseguridad los Estados se enfrentan a situaciones fuera de su control, como sabotajes informáticos, terrorismo, pandemias, etc. Y las políticas de los Estados no sirven, sino que hacen falta políticas y acciones supranacionales. Cada vez son más los retos contra los que el uso militar no sirve, y eso requiere de políticas de seguridad nuevas que necesitan de la concertación internacional para ponerse en marcha. Seguridad y cooperación van de la mano.
Nuevo consenso internacional
Estamos ante nuevos estándares de civilización. Lo que distingue ese contexto de otros son algunos valores, como la democracia y los derechos humanos.
Peor también hay problemas: privilegia los derechos civiles y políticos frente a los sociales, económicos y culturales, cuando estos son los fundamentales de la actual sociedad.
Un problema más es el choque con el funcionamiento no democrático de la sociedad global y con el papel directorio que ejercen las grandes potencias.
Otro problema: los Estados son más débiles frente a otros actores que, en la mayoría de los casos escapan a cualquier tipo de control democrático y no están sujetos ni a la democracia ni a los derechos humanos.
La mayor paradoja del mundo en el que todo se globaliza es que la democracia sigue siendo un principio organizativo de ámbito local y reducido a un relativo número de Estados. Esta es la contradicción que se deriva de este consenso internacional
Humanización de las relaciones internacionales
La globalización favorece conductas colectivas e individuales que supera el frente estatal y así pone al ser humano y s sus problemas como referencia de la sociedad global. La globalización está haciendo mucho por el empoderamiento de los individuos, que ya no son solo receptores de información, sino que ahora generan información con incidencia global.
Esos sistemas de comunicación abiertos a todos ha convertido a los seres humanos en mucho más competentes para valorar situaciones internas e internacionales. La emergencia de una incipiente sociedad civil global es una muestra, una opinión pública a nivel global. Da sus primeros pasos, pero es un elemento importantísimo. Los individuos se han empoderado por la globalización y pueden jugar un papel mucho más activo en los asuntos internacionales.
Así, hay una mayor humanización y desarrollo de la solidaridad internacional, de la cooperación internacional, y de una incipiente ciudadanía global. Esto también afecta al Derecho Internacional, que también se está humanizando.
Estamos ante una nueva sociedad cuyo reto mayor es el establecimiento de un orden que tiene relación directa con los problemas de gobernanza que presenta la sociedad global y que es necesario porque no podemos vivir sin normas, sin regulaciones para el funcionamiento.
Un problema de orden que se plantea en un doble sentido: por un lado, la relación con las ideas de justicia, libertad y paz, valores que deberían inspirar el orden y están ausentes. Por otro, la inexistencia de un orden global.
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