(Santo Domingo, 01 de noviembre de 2010).- La Doctora en filología Marta Sanz, ofreció el pasado lunes 1 de noviembre una conferencia en la Biblioteca Juan Bosch, donde reflexionó en torno a los cambios a los que se ha visto sometida la literatura, en especial el género de la novela, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías y las exigencias de la sociedad de consumo de estos tiempos que se ha tornado muy marcadamente hacia la cultura del entretenimiento. Desglosó toda su ponencia desarrollando cuatro temas.
Primero habló sobre la relación entre literatura y tiempo libre, haciendo referencia al hecho de que vivimos en una sociedad consumista de la cultura del entretenimiento “que ve obligada a las piezas literarias a competir con las películas de Angelina Jolie y los juegos del Nintendo Wii” expresó la Dra.
La conferencista manifestó que nos encontramos ante una pérdida progresiva del sentido crítico de consumo de los lectores “ya no hay muchas obras capaces de contribuir al surgimiento de sujetos críticos, sino mas bien simple clientes. El entretenimiento ha creado una cultura de falso consenso que camufla la realidad con un discurso único que no incomoda a nadie”.
Marta Sanz hizo una analogía entre contar y leer una historia refiriéndose a que a menudo las razones que los escritores tienen para escribir un libro no son las mismas de las personas que quieren leerlos. “Solo cuando estas intenciones coinciden se dan casos sobrenaturales que sobrepasan cualquier éxito editorial, como es el caso de la saga de Harry Potter” dijo.
Al reflexionar sobre las relaciones entre la internáutica y la narrativa la Dra. Sanz esbozó su consideración de que los autores deben buscar la forma de oponer resistencia a la revolución, inevitable, que las nuevas tecnologías están provocando en la literatura, con una intención basada meramente en el consumo. Los autores del futuro tienen que escribir con exigencias diferentes, actualmente surge la necesidad de adaptarse a dos estilos, por un lado está la rapidez de la lectura que exige el Internet y la invasión del clic, versus la profundidad que requiere el papel donde el lector se sumerge en su soledad para involucrarse con la historia.