lunes, 21 de mayo de 2012
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“Siempre he tenido mucha más confianza en las reglas e instituciones de la democracia que en la política”
Manuel Marín, ex presidente del Congreso de los Diputados español, dictó la conferencia “La política y sus formas en el auditorio
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(Santo Domingo, 06 de mayo de 2009).- Manuel Marín, ex presidente del Congreso de los Diputados de España y ex comisario europeo, defendió este miércoles la vuelta a las reglas e instituciones de la democracia y al Estado como manera de superar la crisis y transitar por el mundo de la globalización. El hoy presidente de la Fundación Iberdrola hizo sus planteamientos al dictar la conferencia “La política y sus formas” en el auditorio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE).

Marín inició su exposición diciendo que esta crisis ha puesto en evidencia un modelo que es perverso. “Se discute que si lo que ha fallado es el mercado o los reguladores y supervisores financieros”. Pero afirmó que todos estamos de acuerdo en que “la avaricia rompe el saco” y conscientes de que “la crisis es una gran oportunidad para cambiar el modelo. El G-20 se reúne y se reunirá para generar un esfuerzo para alumbrar un nuevo orden económico internacional. Estamos a la búsqueda ´del modelo económico perdido”, dijo el político español mencionando al famoso personaje de película Indiana Jones.

Marín se declaró optimista, “pero de los escarmentados” y arrancó con uno de los puntos principales de su conferencia: “¿Acaso no estamos discutiendo otra vez sobre lo evidente: la globalización necesita ser gobernada, reglas que la gobiernen?”

Dijo que el debate no es nuevo, “lo que pasa es que anteriormente se ha resuelto mal. Se debatió cuando se habló de la aldea global. En la Unión Europea, cuando hicimos el mercado interior. Y se nos decía que había dos vías de hacer la política”. Primero habló de la que establecía que la globalización era una oportunidad para una nueva civilización y que la Sociedad de la Información era el paradigma e iba a cambiar la forma de hacer política y de gobernar. “Nos decían que el mercado determinaría quién establece la eficiencia. Pero también se nos decía que la globalización tenía sus riesgos y que tenía que ser gobernada y necesitaba de una arquitectura institucional y se llamó la atención sobre el internet y la Sociedad de la Información porque podía incrementar la brecha digital, aunque favoreciera las libertades individuales. Hubo un gran debate y ganaron los desreguladores, el ´pensamiento único”.

Tras reiterar que el debate de ahora no es nuevo, “sí la intensidad y el dramatismo de la crisis económica”, el ex presidente del Congreso de los Diputados español afirmó que las cosas que nos están pasando se veían venir, “pero quien lo veía no pudo imponer sus tesis. Y hubo alertas serias, como el caso Enron con la falsificación sistemática de sus balances, o que la empresa llamada a auditar para que esto no ocurriera también hacía fraude con sus balances. Se nos dijo entonces que se trataba de casos aislados. Sin embargo, eran una muestra de que ya era parte del fenómeno que estamos viviendo. No hicimos caso de estos avisos”.

Marín entonces avanzó para referirse al ser humano como el sujeto que está al final de todo este proceso. “Todo se rompe cuando la avaricia y la codicia llegan a saltarse los límites. Al final del proceso, están las flaquezas del ser humano. Siempre se le ha avisado de lo que puede pasar. Desde todas las ideologías, creencias y concepciones se le ha dicho al mundo lo que permitía ver lo que nos ha pasado. Por eso el debate no es nuevo, pero sí es difícil de solventar”.

En este punto, se preguntó: “¿Qué hacer? Se dice en casi todas las partes que es el momento de la política y que hay que mover a la opinión pública a que se guíe hacia recuperarla para lograr otro nuevo modelo económico, como siempre se ha dicho. Y hay dos formas de abordar esto. Una, la de Winston Churchill: sangre, sudor y lágrimas en la política y hacer las cosas. La otra, la de Berlusconi o Sarkozy: “todo está bien, todo es fantástico, yo estoy bien”. Pero la política necesita otras maneras.

La escenificación política

El ex comisario europeo siguió su conferencia hablando de un término de moda: escenificar. “A mí no me gusta nada y la política debería huir de ella. Viene del teatro y significa interpretar un papel o fingirlo. Una cosa es la imagen y otra la escenificación. No me gusta que la política escenifique las situaciones”.

Mencionó algunas prácticas que, a su juicio, manifiestan escenificaciones. “Se dice que eres muy bueno si eres capaz de practicar el canutazo (impacto) mediático y que el discurso no sirve. Se trata de destruir al adversario y no de defender tu discurso. Eso no es bueno para la política”. También dijo que había oído: “No hagas discursos, el contenido no sirve, lo que cuenta es el titular y tienes que ser muy bueno en el momento político a tu favor y olvidarte del proyecto político a medio y largo plazo. Es básico el golpe de efecto para generar ilusión. La cosa pública es para los técnicos”.

En ese punto, manifestó su deseo por el fin de la escenificación en la política para “volver al discurso de contenido, con mensaje, diciendo lo que pasa”. Reclamó otras maneras para la política y dijo ser partidario de decirle a la gente las cosas de forma que entienda. “Al plan, pan; y al vino, vino´. Y también se debe volver progresivamente al discurso de la verdad, ´aunque duela´. Y así, recuperar la confianza: hablar claro y plantear proyectos”.

Fue en ese momento en el que planteó la vuelta a las reglas e instituciones de la democracia y al Estado, que en la fase de preguntas y respuestas definió como moderno y que primero garantice los derechos públicos universales, “que son la educación, la salud y la vejez, junto a la seguridad”. De otro modo, “volveremos a reiniciar este debate en el futuro. Siempre he tenido mucha más confianza en las normas, reglas de la democracia y sus instituciones que en la política. Como decía Monet, ´los hombres pasan y las instituciones permanecen´. O Norberto Bobbio: ´los pactos de la política son, por definición, precarios y coyunturales”. Reconoció su “fe” en el Estado como garante de la moral pública. “Con sus reglas e instituciones. Pero siempre desde la perspectiva de un Estado eficiente”.

En la parte final de su intervención, también afirmó que “detrás de toda la crisis tenemos un problema de moral colectiva, de principios, que tenemos que recuperar”. Igualmente, que. “desde la izquierda también debemos volver a la cultura del esfuerzo personal dentro de un Estado que dé posibilidades, proteja derechos y exija”. Y que hay que “respetar más a quienes nos anticipan lo que puede pasar y que no nos moleste. Siempre nos cargamos, desde la política, a los anticipadores. Los partidos políticos tienen que esponjarse y admitir a los anticipadores”.

Para finalizar, pidió “recuperar, en la forma de hacer política, el sentido del límite. No se puede imponer todo desde el poder y no hay que estar ahogando al otro todo el rato desde la oposición. Hay que saber darse la mano”.

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