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(Santo Domingo, 18 de mayo de 2009).- Durante dos jornadas, que iniciaron este lunes 18 y culminan el martes 19, la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) y la Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SEESCyT) auspician el seminario-taller: "¿Cómo se aprende? Aplicación de los Avances de la Neurociencia en Educación".
La instrucción está a cargo de Emilio García García, del Departamento de Psicología Básica y Procesos Cognitivos de la Universidad Complutense de Madrid.
En esta actividad, dirigida en especial a docentes, se abordarán diferentes temas entre los que están la identidad profesional y responsabilidad moral del profesor, el perfil de esta profesión en la sociedad actual, y la importancia del interés y la motivación para un aprendizaje eficaz. Además, explicarán la teoría de la mente y desarrollo de las inteligencia.
De acuerdo con el experto, el objetivo principal de la educación es promover el desarrollo personal de los alumnos, en todas sus capacidades mentales: cognitivas, afectivas, morales y sociales, en la confianza y expectativa optimista de conseguir, además de vidas personales más realizadas, una sociedad cada vez más justa, solidaria y feliz.
“Un buen profesor, un profesor competente ha de disfrutar de una relativa satisfacción con y en su profesión. No es posible aspirar a una educación de calidad sin un estado de razonable bienestar personal”, indicó.
Dijo que el compromiso del profesor, su responsabilidad fundamental está en disponer y proporcionar a todos sus alumnos, los recursos y oportunidades más idóneas, para que puedan asimilar los diversos tipos de aprendizajes.
García explicó que se pueden diferenciar tres tipos de orientaciones laborales: un trabajo, una carrera y una vocación. “Un trabajo sirve para cobrar un sueldo a final de mes y es un medio para lograr otros fines. No se espera de él otro tipo de compensación. Una carrera implica una inversión profesional más profunda, si bien conlleva retribución económica también implica otros incentivos y gratificaciones como estima y consideración social, prestigio, poder”.
“La vocación es un compromiso apasionado con el trabajo por su valía. Las personas con vocación consideran que su labor contribuye al bien general, algo que transciende al individuo. Tradicionalmente se ha reservado tal calificación para profesiones como la religión, medicina, derecho y la educación”, precisó.
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